Capítulo 5 Capítulo 5

—¡Catherine! —escuchó la voz austera de la señora Saltzman cuando sale de su apartamento.

—Aquí tiene. —Saco el sobre de la bolsa de mi chaqueta antes de que diga algo más y se lo entrego, a diferencia de lo que pensé, ella se queda boquiabierta y no dice nada. Voy escaleras abajo con mi humor alegre y a pesar de que no he dormido bien me siento tranquila, pero todo ese ánimo desaparece al recordar como debo de pagar el dinero que me dio Jessica.

Cada vez que la idea llena mis pensamientos, me obligo a suprimir el sentimiento de culpa, asco y desilusión que me quema por dentro. Sé que tarde o temprano o, para ser más exactos, hoy en aquel evento, tendré que enfrentar mi realidad.

Camino directo al café, Laura ya se encuentra acomodando las mesas antes de abrir, también trabajo con ella ahí, además de hacerlo en el MUNBAI. Es por esa razón que nos llevamos muy bien, ella vive un poco mi situación, solo que sin problemas tan excesivos de dinero.

—Qué bueno que llegas. Sam sé está volviendo loco buscando las comandas de ayer. ¿Podrías ayudarlo? —Me dice suplicante, muy posiblemente mi jefe ya le haya reclamado por aquellos pequeños cuadernillos. Ruedo los ojos. Siempre es lo mismo con ese hombre.

—¿No te preocupes? —Le dedicó una sonrisa y voy directa hacia la oficina de mi querido jefe.

Lo encuentro con un desastre a su alrededor, papeles esparcidos por todo el suelo mientras él parece dar un berrinche ahí mismo, ignoro lo que está a punto de decir y me acerco a la pequeña cajonera de la esquina, donde abro el último cajón sacando las comandas y se las arrojó en la cara, el mismo las guardo ahí y si no lo hubiera visto con mis propios ojos cuando las guardo estaríamos locos buscando.

Me pongo en camino, todo está listo, y poco a poco en café se va llenando.

—Buenos días. ¿Qué va a pedir? —miro de reojo al hombre en la mesa junto a la ventana, él se encuentra observando la carta sin poner atención a su alrededor.

—Tráeme un expreso y un sándwich de pierna —me pide aún sin mirarme. Anoto sus pedidos y voy hacia la cocina, en poco menos de diez minutos estoy de regreso, ya con su pedido en mano.

—Que disfrute su comida —digo con amabilidad. En ese instante él levanta la vista y me mira.

—¡Wow! —susurra. Ahora lo puedo ver mejor y el hombre párese mayor pero no por eso menos atractivo, unos treinta o treinta y cinco años, tal vez, viste casual con una camisa de vestir color azul marino, entallada y pantalones negros.

—¿Disculpe? —pregunto confundida.

—¿Trabajas aquí? —dice con su voz profunda mientras me observa de pies a cabeza mientras se muerde el labio con descaro, su actitud me perturba.

—No es algo obvio. —Le señalo el uniforme—. Provecho —Estoy a punto de irme, pero me detiene tomando mi mano. ¿Qué le pasa?

—¿Cómo te llamas? —me cuestiona, pero no pienso darle ninguna información personal, es muy raro—. ¿Sabes qué? Mejor dame tu número de teléfono y no sé, tú y yo podíamos quedar y vernos en algún motel.

Esta totalmente fuera de sí. ¿A caso me está proponiendo que me acueste con él? ¿Cree que esto es un burdel? Ni loca le digo como me llamo y menos mi número, que en realidad no cuento con uno, pero que si lo hubiera no se lo daría.

—Es usted un idiota.

Me suelto de su mano, furiosa por su falta de respeto y él solo sonríe sinvergüenza. Me marcho dando zancadas hasta la cocina. Que tipo, ni que estuviera tan guapo para pretender que le haré caso, bueno, tal vez lo hubiera hecho si no me proponía acostarme con él en la primera cita.

—¿Que pasa Cat? —me cuestiona Laura cuando me mira un poco curiosa.

—Mira ese tipo. —Señalo la mesa donde se encuentra desayunando tranquilamente, como si nada hubiera pasado—. ¡Logras creer que me dijo que tuviera sexo con él!

—¡¿Esta loco?! Espera aquí... —Está a punto de ir a reclamarle cuando la detengo del brazo.

—No hace falta que le grites y reclames, es mejor no hacer más grande el problema.

—Yo que ustedes me quedaba quieta donde estoy —Sam dice a nuestras espaldas y nos giramos al escucharlo —. Aquel hombre... —mira detrás de mí—. Es de cuidado. No tienen ni idea de quien se trata y si aprecian algo sus vidas es mejor que no se le acerquen.

Laura y yo nos miramos expectantes sin entender nada. Regreso la mirada hasta el hombre misterioso de hace un momento y no creo que sea alguien peligroso, digo, aparte de ser un idiota se ve totalmente normal.

Me detengo antes de dar la vuelta en la esquina, tengo una rara sensación desde que salí del café y también ahora que mi turno en la clínica ha terminado, me giro para ver a mí alrededor, pero las calles están desiertas. El frío de otoño traspasa la vieja chaqueta y cala mis huesos, el escalofrío aumenta la sensación que tengo, pero me obligo a reprimirlo y camino más deprisa rumbo a la casa de Jessica.

La hora ha llegado, por suerte tuve una buena escusa para que Laura cubriera mi turno en el MUNBAI. ¿Que pensaría si supiera lo que estoy a punto de hacer?... Estaría decepcionada de mí, como yo lo estoy ahora. Llego diez minutos tarde y Jessica ya me está esperando exasperada fuera de su casa, ella ya se encuentra lista, con un hermoso vestido strapless color azul.

—¡Catherine, odio la impuntualidad! —Señala su reloj Gucci de diamantes, mientras pega al piso con sus zapatillas de satin

—Discúlpame... Apenas salí de la clínica y... —Alza su mano para callarme.

—Mejor entremos. —Camina hacia el interior de la casa y empieza hablar mientras yo la sigo por detrás—. Lo primero que harás es asearte muy bien... Ven, ocuparas uno de los baños de arriba.

Sigue y subimos las escaleras hasta entrar a un cuarto, donde lo primero que noto son las prendas de ropa esparcidas por la cama, las observo, la mayoría son de colores oscuros, de cuero, redes y encaje. ¿Va a hacer que me ponga eso? Me señala la puerta dentro de la habitación, supongo que es el baño, por lo que entro sin preguntar. El baño es igual de hermoso que el resto de la casa, estoy demasiado nerviosa para fijarme en los detalles, así que me meto a la regadera y empiezo por enjuagar mi cabello, tiene muchos productos en la encimera, algunas cremas y aceites, otros enjuagues y acondicionadores, prefiero no usar ninguno solo lo habitual, después de unos veinte minutos, ya estoy envuelta en una toalla frente al espejo. Resoplo cabizbaja

—Tu puedes hacerlo Catherine, es solo sexo, si sexo con un tipo asqueroso —me hablo como si supiera algo y en realidad no se nada, va a hacer mi primera vez. ¿Es conveniente que le diga a Jessica ese insignificante detalle?

Capítulo anterior
Siguiente capítulo