Ojos vacíos

Lilieth

Eso no puede ser Anice, parada a varios pies de distancia de mí, al final del pasillo de la casa de tres habitaciones que estamos ocupando—una que pertenece a Draven, pero que él desocupó para nosotros—medio oculta por la pared de piedra rugosa.

Su rostro está demacrado y pálido, y la mirad...

Inicia sesión y continúa leyendo