El amigo

Lilieth

Con lágrimas corriendo por mi rostro, empiezo a empacar, sin importarme absolutamente nada.

Me culpo a mí misma por todo esto—por todo, en realidad. Si no hubiera sido tan terca, ya estaría en casa y ni siquiera habría tenido la oportunidad de conocer a Cadeon. Ahora estaría en paz con mi...

Inicia sesión y continúa leyendo