Capítulo 120 El monstruo que liberaron

Juliette Mancini

El calor de los cañones de mis armas me quema los nudillos, pero no las suelto.

Me deslizo de rodillas tras el pilar que sostiene una parte del porche, cambiando los cargadores de mis dos pistolas con el golpe seco de las palmas.

Siento que estoy en una maldita película de ac...

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