Capítulo 387

Ann se acercó cautelosamente al tercer prisionero, el hombre cuya mirada no descansaba en un solo punto por más de unos pocos segundos.

Temblaba como si no hubiera comido en varios días y sus muñecas estaban llenas de costras de viejas ataduras, no de las nuevas que llevaba ahora. Evitó sus ojos po...

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