Capítulo 457

Podía sentir cómo la leve sonrisita que le tironeaba la comisura de los labios desaparecía cuando lord Errol se aclaró la garganta y la miró con cautela.

—Ah, el primer sacrificio voluntario —ronroneó Maeve—, ofreciéndose como cordero al matadero. Me pregunto a qué sabrá en realidad un noble consen...

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