Capítulo 11 Evitar problemas

Me giré sobre mis talones y volví a correr.

La persecución no se detenía y cada segundo me pareció una eternidad mientras intentaba mantenerme oculta. La adrenalina me dio las fuerzas para seguir adelante, incluso cuando el cansancio amenazaba con vencerme.

Salí del área de la fiesta y miré frenéticamente a mi alrededor para ver dónde podía esconderme. Llevaba tacones y los pies me dolían como el infierno; no estaba acostumbrada a usarlos y sabía que salir corriendo del edificio así no era una buena idea.

¡¿Pero a dónde voy?! Detrás de mí, escuché el sonido de pasos corriendo que hicieron que mi corazón latiera con más fuerza.

¡Mierda! ¡¿Dónde?! ¡¿Dónde?! Di una vuelta completa, buscando con la mirada por todos lados.

¡Ahí!

En medio del caos que sentía, noté una puerta escondida en una esquina. Parecía una salida discreta y, sin dudarlo, me dirigí hacia ella.

Conducía al baño de mujeres; entré justo cuando él aparecía en el pasillo. Entré y cerré con llave para poder recuperar el aliento.

Mi cerebro no estaba funcionando bien; había algo más que no podía comprender, o simplemente tenía la peor suerte.

Traté de calmarme con varias respiraciones profundas mientras intentaba entender qué había sucedido, pero nada tenía sentido. Miré la puerta del baño por última vez antes de correr a encerrarme en uno de los cubículos. Con el corazón latiéndome en los oídos, intenté recuperar la compostura, sabiendo que no podría esconderme por mucho tiempo.

Fue entonces cuando volví a sentir aquel objeto en mi mano. Abrí la palma y me encontré con un USB.

«¿Qué es esto? ¿Por qué me lo dio a mí, una completa desconocida?», me pregunté con la respiración entrecortada... Quien lo hizo debió tomar una decisión desesperada en el último segundo, seguramente porque estaba a punto de ser atrapado.

Me mordí los labios mientras mis instintos de reportera me decían que tenía algo grande entre manos. Bajé la tapa del inodoro para sentarme y conecté el USB a mi teléfono.

Contenía varios archivos y un video. No tuve tiempo de revisar los documentos escritos con calma, pero reproduje el video en cuanto entendí de qué trataba el material.

Me llevé la mano libre a la boca, asombrada.

—Dios mío... —susurré, justo cuando la perilla de la puerta principal del baño empezó a sacudirse.

De pronto, alguien comenzó a golpear la puerta con fuerza.

—¡Abran la puerta! —gritaron desde fuera—. ¡Abran ahora o la derribaremos!

Mi corazón se aceleró todavía más.

¡Mierda! ¿Son los guardias? Tenían que ser ellos; seguramente habían atrapado al hombre y descubierto que ya no tenía lo que buscaban. Tragué saliva. Pero dudo que les haya dicho que me lo dio a mí; él quería que esto llegara a la prensa.

—¡Derriben la puerta! —escuché decir sin siquiera esperar una respuesta y sentí que me ponía pálida.

Existía la posibilidad de que le hubieran sacado la información a golpes. Las apuestas eran altas y no podía permitirme ser atrapada, pero ¿cómo demonios salgo de esto?

¡Pum!

Escuché la puerta ceder.


Matthew

Un aroma en el aire captó mi atención; era terriblemente familiar. Sentí la fragancia de mi pareja como un susurro que me atraía con una fuerza que no podía ignorar. Mi corazón se aceleró de golpe, pero pero la confusión me nubló los pensamientos.

«¿Clio está aquí? ¿En esta fiesta? ¿Pero por qué?»

Miré a mi alrededor buscándolo, esperando ver a un hombre, pero lo que encontré nos desconcertó tanto a mí como a mi lobo. Ahí estaba ella: una mujer con un aroma bastante parecido, que se movía nerviosa entre la multitud.

Fruncí el ceño. En ese instante, ella giró la cabeza; nuestras miradas se cruzaron y vi el miedo aparecer en sus ojos marrones, algo que solo aumentó mi confusión. Mis instintos me ordenaron acercarme para entender esta conexión inexplicable, pero ella giró la cabeza para alejarse.

Con cada paso, mi confusión crecía. ¿Cómo podía alguien más poseer el mismo aroma que mi pareja? Era un rastro que conocía de sobra, el mismo que me cautivó desde la primera vez que vi a Clio. Sin embargo, esta mujer frente a mí no era él, era distinta en todo; sabía que Clio usaba ropa holgada, pero ella tenía una figura de reloj de arena que no encajaba con mis recuerdos. Aquel pensamiento carecía de lógica y me dejó perplejo.

Mientras me acercaba a ella, nuestras miradas se cruzaron de nuevo; por un momento, pareció reconocerme, aunque el miedo era más evidente. La música subió de volumen y la gente comenzó a bailar, permitiéndole escapar. No pude captar bien su aroma ya que había demasiadas personas en el salón.

Mi corazón luchaba con emociones encontradas y quería mis respuestas, así que no me detuve. La confusión me impulsó hacia adelante mientras la seguía a través de la fiesta. Los cuerpos y la música pulsante se volvieron un borrón a nuestro alrededor. Me concentré solo en no perderla, pero ella se movía rápido, como si supiera perfectamente que la buscaba.

Estaba seguro de que nunca antes la había visto, entonces, ¿por qué me está evitando? Podía notar cómo me vigilaba mientras se alejaba más y más, pero ¿por qué?

Abrí paso entre la multitud y esquivé a la gente con cuidado; estaba decidido a no perderla en medio de aquel caos.

Con cada paso, mis sentidos se agudizaban con su aroma, y no podía evitar preguntarme sobre la enigmática conexión entre nosotros. ¿Cómo podía tener un aroma tan similar al de mi pareja? Las preguntas sin respuesta llenaron la mente, impulsándome a perseguirla en busca de una explicación. Era ese mismo rastro exacto, uno que no parecía pertenecer ni a un hombre ni a una mujer.

La primera vez que capté el aroma de Clio, me confundí. Los hombres y las mujeres tienen registros olfativos diferentes; los hombres poseen olores más fuertes, mientras que las mujeres tienen fragancias dulces. Sin embargo, Clio y el de esta mujer eran extraños por igual.

Mientras me acercaba a ella, miró por encima del hombro, sus ojos se abrieron con sorpresa y desconcierto. Fue evidente que sintió la intensidad de mi persecución, pues logró desaparecer entre la gente.

Eso solo alimentó mi determinación de alcanzarla; quería respuestas y una explicación para esa conexión imposible. La persecución se intensificó, y una mezcla de emociones surgió dentro de mí: confusión, curiosidad y un deseo inquebrantable de descubrir la verdad.

Pero no pude ponerle las manos encima, seguía escapándose de mí. Me perdí durante unos minutos en el primer piso porque su aroma se diluyó entre los demás olores.

La fiesta se sumió en el caos; los guardias corrían tras un hombre herido y abrieron un claro entre la multitud. Ese espacio me permitió captar su aroma una vez más, solo porque no estaba lejos. Giré la cabeza hacia el balcón interior del segundo piso y nuestros ojos se encontraron de nuevo.

Había algo demasiado familiar en ella, pero no logré reconocerla; estaba seguro de que nunca la había visto en mi vida. Sin embargo, allí estaba otra vez esa mirada de horror en sus bonitos ojos. Como antes, no perdió tiempo, se dio la vuelta, empezó a correr de nuevo y la seguí.

La perdí a mitad de camino cuando la multitud se reunió de nuevo y los aromas se mezclaron. Me tomó un tiempo descubrir que había salido del salón; cuando la seguí afuera, apenas tuve un atisbo de ella antes de que desapareciera en el baño de mujeres y cerrara la puerta tras de sí.

Me detuve a unos pasos de distancia, inseguro de si debía avanzar más o esperar a que saliera.

—¿Qué pasa aquí? —murmuré para mí mismo. No importa cuánto lo piense, nada tiene sentido. Clio es mi pareja y cada lobo solo tiene una, a menos que existan gemelas.

¿Acaso Clio tenía una hermana? No… Así no funciona. Solo los gemelos idénticos pueden compartir el vínculo de compañeros… Entonces, ¿qué está pasando aquí?

Todavía estaba pensando en ello cuando los guardaespaldas se cruzaron conmigo y fueron al baño. Dos de ellos intentaron abrir la puerta, pero estaba cerrada con llave.

Hmmm…

Otro se me acercó.

—Señor —Lo miré—. Han robado el video y los archivos del cliente de China.

Abrí los ojos de par en par ante sus palabras.

—¿Qué? —De inmediato entendí lo que pasaba—. ¿Qué hay del hombre al que perseguían? Él es el culpable, ¿verdad?

Sabía que el evento de hoy servía para que muchos oficiales intercambiaran información en secreto.

—Lo atrapamos —respondió, aunque la expresión de su rostro me indicó que habían fallado antes de que lo dijera—. Pero no tiene el material.

Fruncí el ceño ante sus palabras, luego miró hacia el baño.

—Al parecer, se lo dio a esa mujer.

Mis ojos se abrieron todavía más ante la gravedad de la situación. Si ese video salía a la luz, nos causaría muchísimos problemas a varios de nosotros.

—Saquen a esa mujer —ordené—. Tráiganla ante mí.

—Rompan la puerta —dijo uno de los guardias. Con movimientos rápidos y precisos, se posicionaron fuera de la puerta del baño, listos para actuar. Intercambiaron miradas de entendimiento, comunicándose sin palabras mientras se preparaban para irrumpir en el espacio.

Uno de ellos comenzó a golpear su cuerpo contra la puerta para debilitarla, pero se detuvo después de un rato. Luego, el otro guardia dio una señal y todos en simultáneo irrumpieron en el baño, abriéndolo de golpe.

Recorrieron la habitación con eficiencia entrenada; sus ojos escaneando cada rincón, mientras yo los seguía y entraba en el baño. Abrieron con violencia todos los cubículos para no perderse nada, pero pronto una expresión de perplejidad cruzó sus rostros y todos se miraron entre sí.

El lugar estaba vacío.

Miré a mi alrededor, y había un leve aroma de ella en el aire, pero había escapado. Mis ojos captaron la ventana del baño centrada sobre los cubículos. La malla de protección había sido removida, pero aún colgaba con un clavo intacto mientras el sonido de la lluvia se hacía presente.

Ah…

—Trepó para salir —dije con los brazos cruzados. Todos miraron hacia donde yo lo hacía—. La perdimos.

Mierda…

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