Capítulo 27 Que te mejores pronto

Clio

Mis mejillas se sonrojaron y no pude mirar a mi jefe.

¡Estaba demasiado avergonzada!

—Lo siento —lo escuché decir —no quise reírme —aún había un rastro de risa en su voz y carraspeó para eliminarlo.

—Entonces —hice un puchero —¿por qué te reíste? —levanté un poco la cabeza.

—Es que... —neg...

Inicia sesión y continúa leyendo