Mágico

ARIA

Ryder me sigue hasta el dormitorio y, después de entrar, cierra la puerta tras él.

—¿Qué pasa? ¿Vas a decirme qué está mal? —me pregunta.

Me giro de golpe, con los brazos cruzados. Diosa sabe que no quería sentirme así por nada, pero ya no puedo guardármelo por más tiempo.

—Hay algo de Lizz...

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