Luna Power

RYDER

La embisto unas cuantas veces más antes de que mi propio orgasmo me arrase.

Después me quedo encima de ella, saboreando la sensación de su piel húmeda y pegajosa contra la mía. Cada vez que respiro, es lo único que puedo oler, y nada me reconforta más.

—¿Estás bien? —pregunto en voz baja—. ...

Inicia sesión y continúa leyendo