A la intemperie

RYDER

El silencio en la oficina de mi padre es ensordecedor.

Mis ojos están clavados en los suyos, y llevamos los últimos diez minutos mirándonos sin apartar la vista. Sé que está furioso; lo sé. Pero nadie en este maldito planeta está más enojado y decepcionado que yo.

Ese era mi juego.

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