La belleza de la aceptación

ARIA

Me enderezo y lo miro a los ojos para no delatar el hecho de que estoy nerviosa por cómo se me acerca.

—Sí. Aria Murdock.

—Sí, la hija del entrenador —balbucea—.

Puedo olerle el aliento desde donde estoy. No me gusta nada.

—Sobrina —lo corrijo.

Ni siquiera parece escucharme, o importarle...

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