CAPÍTULO DIECIOCHO; VERDAD NO CONTADA

El viaje en coche de regreso a la casa de la Manada estuvo lleno de los llantos de Cierra. No me dijo una palabra, ni me dio la oportunidad de hablar, o tal vez tenía miedo de mencionarlo.

En el momento en que llegamos al complejo, Cierra se inclina en señal de agradecimiento a pesar de agachar la ...

Inicia sesión y continúa leyendo