CAPÍTULO SESENTA Y CINCO; QUEDA UN ESPACIO

CIERRA

Estoy de vuelta en la casa de la manada Luna Creciente, pero no se siente igual.

No hay nadie corriendo hacia mí para darme la bienvenida, con pequeños brazos abiertos listos para abrazarme. Ya no hay nadie que me llame madre.

Las lágrimas que se acumularon en mis ojos en el momento en que...

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