CAPÍTULO SETENTA Y TRES; HERMANO EXTRAÑO

El mundo se siente como una neblina mientras me acerco a la consciencia, mis párpados pesados y lentos, parpadeando débilmente antes de abrirse apenas una rendija. La luz brillante y estéril sobre mi cabeza difumina mi visión, obligándome a entrecerrar los ojos. El olor penetrante de antiséptico lle...

Inicia sesión y continúa leyendo