Capítulo 3 Autocontrol

No era de extrañar que todos estuvieran preocupados y ansiosos, lo que les hacía sentir odio hacia el esposo de la joven, todos creían que Tanying se encontraba de tal manera por culpa de él, ya que ella nunca había sufrido ningún desmayo, ya que gozaba de muy buena salud, pero ninguno de ellos se atrevió a protestar sobre aquello. 

Una vez que una de las empleadas entregara el botiquín de primeros auxilios a Maximiliano, este revisó hasta encontrar el alcohol, luegoy procedió a colocar un poco en un algodón, para después colocarlo bajo la nariz de su esposa.

Todos estaban ansiosos. 

Pronto Tanying comenzó a reaccionar, por lo que comenzó a toser. Sentándose en el mueble, Tanying siguió tosiendo tapando su boca con ambas manos sin darse cuenta de las personas que estaban a su alrededor, aunque sentía un extraño dolor de cabeza. Lo único que ella pensaba era en lo último que había oído, un hijo. Solo creía ue era parte de una pesadilla.

El alivio en la sala de estar era muy notorio, al ver que su hija había reaccionado, Alice se apresuró a acercarse.

—¿Estás bien cariño? ¿Te duele algo? —Preguntó mientras acariciaba la larga cabellera de su hija. La preocupación era evidente en su voz. 

—Sí, solo tuve una pesadilla. Madre imagínate que yo estaba casada con un psicópata degenerado y mi padre estaba diciendo barbaridades, algo de tener un hijo —Habló Tanying deliberadamente sin prestar atención a ninguno de las presentes.

Alice sintió una punzada en su corazón, no sabía si su hija estaba exagerando o realmente suponía que lo que había vivido era una pesadilla. Marc se congeló ante las palabras de su hija, sin ningún disimulo miró fijamente a Maximiliano queriendo encontrar alguna emoción en su cara, con la intención de saber si las palabras de su hija le habían afectado. Sin embargo, Maximiliano no mantenía ninguna expresión, y así era difícil saber qué pensaba de todo esto. 

Un enorme silencio invadió la gran sala, el ambiente se sentía tan pesado que para Tanying parecía pasar desapercibido. Fue cuando recién sus ojos miraron a su alrededor que se dió cuenta. Su madre, su padre y algunos empleados de servicio, todos la miraban, y por último, quien estaba sentado en una esquina del mismo sofá con un botiquín de primeros auxilios. Maximiliano Cash.

Tanying trató de respirar varias veces con la única intención de no perder sus estribos, pero eso fue imposible y no pudo evitar explotar en ese mismo instante.  

—No, no, eso jamás sucederá —Negó elevando su voz al mismo tiempo que se ponía de pie, sentía que si estaba siquiera a centímetros de Maximiliano Cash su cercanía la iba a quemar. Alice trató de acercarse a Tanying con la intención de calmarla, pero ella fue más rápida.

—No te me acerques, por favor —Imploró en un susurro, poniendo su mano al frente como una especie de escudo. Alice tragó grueso, no podía evitar el dolor ante el rechazo de su hija. 

—Yo, Tanying Dómale Dapane, me opongo a tener cualquier tipo de intimidad con ésta bestia con quien me vi obligada a casarme, si mi destino está atado a un matrimonio que solo sean papales y nada más —Declaró Tanying con voz fuerte, ella quería que le quedara claro que no iba haber más, así que era mejor que se fueran sacando esa idea absurda de sus cabezas. 

Maximiliano metió las manos en sus bolsillos ocultando sus puños.

—Tanying —dijo Marc severamente con la única intención de aplacar a su hija. 

—¿Qué? —Respondió mirando a Marc con resentimiento. Ahí fue cuando Marc vino a caer en cuenta que esa no era su hija, esa no era su pequeña traviesa y sonriente hija. 

—No esperes más de mí padre, entiende que no lo haré, antes de que eso suceda prefiero morir, así que no me obligues —Protestó Tanying con lágrimas ya en sus ojos. 

Marc pudo sentir cómo su corazón se rompía, sentía que si su hija seguía así terminaría con su autocontrol.

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