Capítulo 8 La vida privada de la gente

Maximiliano Cash hijo de la chingada... ¿Quien te has creído que eres para venir a jugar conmigo?. Maldijo Tanying mentalmente, sintiéndose insultada y a la vez engañada por lo que había pasado esa mañana.

Con la mirada aún fija en la pantalla del aparato eléctrico,habló —¿Y qué con eso?. ¿No sabías que la gente necesita privacidad? ¿Acaso te has vuelto espía ahora? O mejor dime... ¿Que tan aburrida es tu vida, que sientes la necesidad de espiar a otras personas? —Expresó Tanying, apartando el celular fuera de su vista. 

—¿Tal vez? —Respondió descaradamente Alexa, sintiéndose victoriosa —. A mí no me engañas con el cuento de matrimonio feliz, ésto comprueba que no eres nada para Maximiliano Cash. Solo una especie de beneficio, o una simple fachada. ¡Oh! es sería hasta demasiado para ti —Expresó fingiendo sorpresa. Tanying se contuvo para no lanzarse encima de Alexa y golpearla.

—¿Realmente crees que me importa lo que tu pequeño cerebro piensa o suponga? ¿Se te olvidas quien soy, y de que familia provengo?… Mmm lo diré exclusivamente una vez para ti como recordatorio —Pronunció inclindose hacia Alexa, como minutos antes ella lo había hecho. Cuando estuvo cerca de su rostro susurro lentamente mirándola a los ojos —. Soy una, Dómale Dapane, una de las familias más poderosas de todo el Continente Europeo, al igual que los Cash traspasamos fronteras, así que si no lo has entendido, él no es más que yo, deja de considerar que él es un Dios y yo una simple vagabunda que recogió de las calles.

Tanying nunca había hablado de su familia para respaldarse o sacar provecho de alguna situación, sin embargo, no podía permitir que Alexa siguiera humillándola frente todos, era algo que no estaba dispuesta a pasar.

Ante el silencio del pasillo y más que todo de Alexa, quien se había perdido en los rasgos delicados del rostro de la joven, que era la primera vez que había podido observarla de tan cerca. Tanying aprovechó para empujarla quitándola de su camino, y el cuerpo de Alexa se balanceó haciendo que perdiera equilibrio y que cayera al piso.

—¡Ahg! —Se quejó al sentir el golpe.

Al recordar algo, Tanying detuvo sus pasos y miró sobre su hombro donde se encontraba Alexa —¡Ah! Una cosa más, deja de espiar la vida privada de la gente. ¿Sabes que podría pasar si alguien como Maximiliano Cash se entera de que lo espías?. Todos saben que es un hombre malvado, enserió no creo poder irte a visitar a la cárcel, para la próxima ten mucho más cuidado o yo que tu primero me preguntaría ¿Qué tan insignificante es mi existencia? —dijo guiñándole un ojo, con una sonrisa de lado Tanying se volvió y siguió caminando tranquilamente como lo había hecho hace unos momentos atrás, antes de que Alexa se propusiera molestarle la vida.

Cuando ya no vieron la espalda de Tanying, todos los presentes comenzaron a murmurar mirando con mala cara a Alexa, mientras otros reían, considerando que la chica era muy tonta por intentar fastidiar a nada menos que a Tanying. Mientras tanto el cuerpo de Alexa temblaba ante su furia, ella era quien había venido a poner en ridículo a Tanying, sin embargo, todo había dado vuelta, siendo ella quien terminó en ridículo. Siempre era lo mismo, Tanying tenía que salirse con la suya, pensando en ello la mirada de Alexa se tornó de una manera espeluznante.

—¡Juro que me las pagaras, no te saldrás con la tuya! —Murmuró Alexa entre dientes con evidente furia y resentimiento en sus palabras. Las amigas al ver que aún estaba en el piso tirada, se acercaron para ayudarle.

—¡No me toquen! —Gritó Alexa con cólera. Haciendo que ellas retrocedieran varios pasos atrás con evidente miedo.

(...)

Una vez que Tanying salió de la vista de todos, entró en los baños de mujeres cerrando la puerta de un portazo, el cual resonó en todo el lugar seguido de un fuerte estruendo.

Tanying había estrellado uno de sus puños en uno de los enormes espejos de cristal, haciendo que se despedazara en miles de pedacitos.

Desahogando aquel nudo que le reprimía aún y no la dejaba respirar, Tanying pateó la pared con rabia, mientras gotas de sangre destilaban en el piso de unas de sus manos, la cual había utilizado para golpear el cristal. Sus dedos que habían sido lastimados por los cristales del espejo, y sangraban mientras aún seguían incrustados algunos de ellos.

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