Capítulo 2 Comienzo
Meses atrás, antes de la noche de bodas.
En uno de los suburbios más lujosos se encontraba la Villa de unas de las
familias más prestigiosas. El clima era caluroso, pero eso no impedía que se respirara un ambiente fresco en todo el lugar.
La servidumbre estaba alborotada con los arreglos de la cena que se iba a llevar a cabo. El invitado de honor seguía siendo una incógnita, según los empleados; quienes no paraban de murmurar unos a otros, especulando con el nombre de quien se trataba, porque para haber puesto aquella Villa en un caos total, y para que los señores de la gran casa, que siempre se mantenían calmados y sonrientes, en esa ocasión se encontraran muy ansiosos y nerviosos a la vez, tendría que tratarse de alguien muy especial, o muy poderoso.
Se rumoreaba que sería el hombre más poderoso del país quien los visitaría. Esos eran algunos de los murmullos que corrían por toda la enorme lujosa casa, pasando por cada uno de los muchos empleados.
Ajenos de la situación que se vivía afuera en los pasillos, en el gran estudio se encontraba una pareja de esposos de mediana edad nerviosos. Ambos no dejaban de caminar de un lado a otro, sus mentes estaban hecha un caos tratando de pensar cómo podrían resolver el problema que se les avecinaba como un huracán sin control.
—¿Dónde está Tanying? —Preguntó de repente Marc a su esposa, deteniendo sus pasos.
Alice, apenas escuchó la pregunta de su esposo, quedó en seco sin saber qué responder. Su hija había salido desde muy temprano sin haber dicho palabra alguna, por lo que no tenía ni la más mínima idea de donde se encontraba, también estuvo intentando llamarla muchas veces al celular, pero siempre la mandaba al buzón de voz.
—Ya sabes cómo es Tanying —Respondió mientras daba un largo y cansado suspiro.
El hombre frunció el ceño. ¡Claro! él mejor que nadie conocía a su traviesa hija, pues había estado con ella durante todo su crecimiento. Desde que había nacido lo único que le había traído eran muchos dolores de cabeza, estuviera bien o mal de salud, donde solía ir Tanying Dómale Dapane solían haber problemas, en pocas palabras era un problema ambulante.
No hubo día en que no le hiciera salir más canas y constante arrugas, incluso podría decir que cada arruga que tenía habían salido gracias a su hija. A pesar de todo, no importaba los miles de problemas que causara, Marc siempre estaría dispuesto como un superhéroe, listo para resolver cualquier caos que fuera ocasionado por su pequeña. El hombre era tan débil cuando se trataba de su bella hija, que no le importaba lo mucho que lo hiciera rabiar de furia, ya que jamás se atrevía ponerle una mano encima.
Para sus ojos, su hija era un tesoro muy preciado. Al recordar el rostro sonriente de su hija una leve sonrisa se dibujó en sus finos labios, pero así como llegó desapareció. El hombre no pudo evitar sentir un dolor agudo en su corazón cuando pensó en la cena que se llevaría a cabo en la noche, su respiración se hizo pesada mientras que un nudo se le formaba en la garganta.
Alice notó el estado de su esposo, por lo que decidió acercarse a ayudarlo a tomar asiento. Una vez ambos estuvieron sentados, uno junto al otro con sus manos entrelazadas, no pudieron evitar soltar un par de lágrimas. La situación se tornaba muy nublada para ellos, más que todo para su hija, por lo que la tristeza en su corazón era inevitable en imaginar una vida sin su bella hija alrededor de ellos, aunque normalmente estuviera más tiempo en la universidad, tenía cierto presentimiento de que todo cambiaría y nada volvería a ser igual. Sus manos no demoraron en temblar, lo que inmediatamente fue percibido por su esposo, quien apretó con fuerzas las manos de su esposa en un intento de consolación.
(......)
En unos de los grandes y lujosos centros comerciales, en el estacionamiento subterráneo, se encontraba una joven mirando para todos lados como un sigiloso ladrón, asegurándose de que nadie la viera. A simple vista, parecía una joven universitaria, su vestimenta era casual, pantalón y camiseta sencilla con unos tenis que hacían una combinación perfecta, lo que la hacía ver como cualquier otra chica. Sin embargo, si se detenían a ver sus rasgos faciales, cualquiera quedaría sin aliento y dudaría si aquella joven era real o un simple espejismo producido por su imaginación, ya que su belleza era única, su cabello largo que había sido tinturado de color lila recientemente, le daban un toque especial.
Sus pies se movieron a toda prisa cuando se percató de que su objetivo estaba cerca, se acercó con sigilo y empezó a escribir con un lápiz labial en letras grandes y claras en el parabrisas del Bugatti deportivo de lujo.
Minutos antes…
Una chica trataba de estacionar su BMW, había dado muchas vueltas por el estacionamiento para encontrar un lugar para estacionarse y cuando al fin encontró un lugar, un Bugatti había pasado cerca de ella, rebasándola y robando su lugar de estacionamiento. Furiosa, ella salió de su automóvil con la intención de tratar de ser lo más educada posible con la persona que había robado su lugar, pero fue inútil. Apenas salió el hombre quien se suponía que era el dueño del Buggati, había quedado distorsionada por un momento, en todas sus facetas se podía decir que estaba viendo al individuo más guapo que sus ojos hubieran visto. Sin embargo, al instante recuperó su sentido común al ver que ni siquiera se volteó a mirarla, pues apenas intentó replicar sus palabras quedaron en nada.
—Quítate de mi camino. ¿Acaso no ves que estas estorbando? ¿O piensas fingir que estas ciegas? —Inquirió él cortante.
—¡Estás loco! Acabas de robarme mí puesto de estacionamiento, cuando claramente encendí la direccional de mi vehículo, y ahora me estás insultando. ¡A mí se me hace que el ciego es otro! —Replicó la joven con ironía mientras rodaba los ojos.
El rostro frío del hombre miró donde estaba estacionado su automóvil y volvió a mirar a la chica que tenía frente sus ojos, como si se tratara de una desquiciada —No veo que exclusivamente especifique que ese sitio le pertenece a alguien, así que deja de actuar como una loca que busca llamar mi atención —Dicho eso, el hombre siguió su camino sin ganas de seguir perdiendo su tiempo.
—Lo que tiene de guapo, lo tiene de imbécil —Murmuró molesta con su rostro teñido de rojo por la rabia. No solo había tomado el lugar en el que se iba a estacionar, por si fuera poco, la había tratado como una loca que solo quería llamar su atención.
Frustrada de aquella situación, a la chica se le ocurrió darle una pequeña lección a aquel hombre, para que, en el resto de su vida, no volviese a ser tan arrogante y grosero. Cuando el parabrisas quedó totalmente rayado con lápiz labial rojo, sonrió victoriosa y se sintió orgullosa de su trabajo, aunque era algo infantil. Cuando estaba a punto de irse del lugar del crimen, escuchó voces a lo lejos que gritaban.
–¡HEY!, ¡¿QUÉ RAYOS CREES QUE HACES?!.
Cuando vió que era aquel hombre quien había abierto la puerta al arrogante narcisista de unos minutos atrás, comenzó a correr como un animalito salvaje para llegar a su automóvil mientras se quejaba mentalmente. ¿A qué persona se le ocurría entrar a un centro comercial, tan solo por unos pocos minutos? Apenas estuvo dentro de su coche, se apresuró a encenderlo, y ya para cuando el asistente del hombre estaba a punto de llegar al automóvil de la chica, ya era muy tarde, la joven había sido más rápida y se había dado a la fuga.
Maldito psicópata narcisista. Eran las palabras que adornaban el parabrisa del coche, y como si aquello no hubiera sido poco, una enorme cara dibujada de una figura de un gato le sacaba la lengua. La respiración de Maximiliano se distorsionó, era la primera vez que conducía aquel automóvil desde que lo había comprado, pero ahora simplemente había sido rayado con palabras vulgares como cualquier basura.
—Señor la joven... Yo... No... No pude alcanzarla —Balbuceó Paul con evidente nerviosismo y con un poco de cansancio.
Maximiliano le lanzó una mirada fría a su asistente —¿Quieres que yo vaya a alcanzarla por ti? —Inquirió con molestia.
—No, yo jamás quise decir tal cosa —Negó con rapidez e inquietud.
—¿Entonces que supone que haré con un no pude alcanzarla?.
