Capítulo 4 Problemas

Al escuchar el reto, todos rieron con malicia, estaban ansiosos de que la primera ronda comenzara. Esa vez un chico resopló de disgusto, pero no dijo nada, sabía que ya existía un complot y ese era dirigido contra Tanying, quien claramente no se podía mantener en pie muy bien.

Después de jugar, piedra, papel o tijera, todos voltearon a mirar a Tanying, quien a pesar de estar ebria se quedó sorprendida de ser la única en perder, ya que por estadística debían perder dos o tres. Ella se quedó mirando su mano, siendo esta la única que formaba el símbolo de papel. Luego miro a los demás y vio que todos eligieron tijeras, sus ojos se agrandaron y su mandíbula se tensó.

—¡JODER! —Gritó al recordar el reto, e inmediatamente sintió ganas de llorar de solo pensar que tendría que besar a un desconocido y peor aún, al tener que entrar a una sala privada donde podría ser reconocida inmediatamente y desprestigiar el apellido de su familia, la cual era una de las más importantes. Era consciente de los problemas que eso podía ocasionar, pero no podía retractarse a cumplir el reto, ya que desde el inicio estuvo de acuerdo, así que dió unos pasos en dirección a la puerta, mientras se tambaleaba de un lado a otro, sacó todo el coraje de donde ya no había y suspiró varias veces antes de abrir la puerta.

Una vez salió de la habitación, tomó impulso a la puerta que estaba en frente, que era la 502, y con lo mareada que estaba nada más se golpeó en la cabeza. Sus amigos quienes la seguían para ver si cumplía con el reto, únicamente se rieron sin ayudar, después se levantó y siguió caminando por el pasillo mientras intentaba entrar a una de salas, pasó por varias puertas, y cuando se encontraba por la sala 508 alguien de la puerta de la sala 510 abrió y de ella salió una pareja que al parecer ya se estaban retirando de esa sala. Tanying se movió apresuradamente mientras en su cabeza todo daba vueltas como si estuviese en un parque de diversiones, así que puso su mano en el pomo para evitar que la puerta se cerrase.

Su perfecta figura delgada logró deslizarse y pararse en la entrada, mientras que sus ojos curiosos divagaron por toda la habitación, su contacto visual fue inevitable con un hombre que estaba sentado en los sofás en medio de la habitación, las luces bajas no dejaban ver perfectamente las facciones del hombre, aunque había tres más quienes la miraban con curiosidad, sus ojos estaban fijo en el hombre que vestía de camiseta blanca, pantalón negro y zapatos de cuero, también negros.

Tanying se quedó paralizada por un momento. El bullicio y susurros de sus compañeros hizo que volviera en sí, así que respiró hondo y reunió más coraje. Con valentía, se adentró a la habitación sin dejar de mirar aquellos ojos fríos con pasos seguros, evitando tambalear y verse más ridícula de lo que ya se sentía. A medida que se acercaba, le era inevitable respirar el humo de cigarro que flotaba en el ambiente, arrugó la nariz a la vez mostrando una dulce y tierna sonrisa. Mientras se acercaba a su objetivo, su mirada se desvió por cuestión de segundos a la mesita donde se podía observar algunas botellas de vino vacías, cartas, cigarros y encendedores.

—¡A la mierda! —Maldijo para sus adentros, recordando que debía beber y ella ya se sentía lo suficientemente mal como para beber otro vaso más de licor. Sin embargo, arrastró sus pies hacia donde se encontraba el bar y tomo la primera botella que sus ojos lograron ver, una vez bebió de esa botella sintió una corriente de adrenalina recorrer cada parte de su cuerpo, sus ojos volvieron a encontrarse con los de su objetivo quien parecía mirarla con rareza de igual manera como ella lo hacía.

Un paso, dos pasos, tres pasos y cuando menos lo pensó estaban tan cerca que el aroma de su perfume flotaba alrededor de su nariz, sin previo aviso choco sus labios con los de aquel hombre mientras cerró sus ojos, una vez lo besó se dió la media vuelta y huyó como si se trace de un ladrón siendo descubierto.

Maximiliano había llegado al club 20 minutos atrás, procedente de la mansión Dómale Dapane, donde había estado esperando por horas a la futura esposa que su abuelo le había impuesto en aquel contrato matrimonial y quien nunca se apareció a dicha cena.

No estando dispuesto a esperar a tal mujer por más tiempo, se había marchado de aquella mansión algo molesto, por lo que decidió ir a un club para tomar unos cuantos tragos con un par de amigos, al llamarlos ellos ya se encontraban en un club diferente a los que solía ir. Le dijo a Paul que se encargase de llevarlo al club y que se quedase con él para que lo llevase a su hogar si se pasaba de copas, una vez llegando a dicho club se dirigió a la sala 510. En un lapso de 30 minutos, él solo se dedicó a tomar whisky mientras veía jugar póker a los demás, de pronto notó que una pareja que ya se retiraba, no pudo evitar ver a la pareja y decir en su mente, menuda manera de desperdiciar la vida. En ese instante notó que una chica se asomó a la puerta evitando que esta se cerrara, de alguna manera, dicha chica le resulto familiar, lo cual hizo que su expresión facial cambiara a una manera más seria. Frunció el ceño,

¿Quién rayos es y por qué me molesta verla? Trató de recordar dónde la había visto antes, mientras se perdía en reflexionar acerca de quién podría ser y donde la había visto. Maximiliano perdido en sus pensamientos, ignoró totalmente el tiempo y espacio a su alrededor, solo pudo despertar al sentir unos suaves labios de alguien más en los suyos, quedó estupefacto en ese instante, era ni más ni menos que la misma mujer con color de cabello imposible de confundir que le rayo su auto por la mañana.

Después del sorpresivo beso, Maximiliano se quedó petrificado en su asiento, mientras que su rostro se oscureció como la noche, mientras veía a la chica salir de la sala 510 a toda velocidad.

—Paul— rugió, furioso.

—¿Si señor?

—La dejas escapar esta vez, y te irás de vacaciones sin retorno — Amenazó ya irritado.

Paul fue lo suficiente audaz para salir inmediatamente de la sala y comenzar a buscar aquella chica que había sido demasiado valiente como para desafiar a su jefe dos veces en el mismo día. Por otro lado, los otros dos hombres hicieron como si nada hubiera sucedido y siguieron jugando póker, porque ninguno de los dos estaba preparado para enfrentar la furia de Maximiliano Cash.

De pronto un teléfono celular sonó, rompiendo el enorme silencio incómodo que se había formado.

—¿Maximiliano, como es posible que te hayas marchado de esa manera? —La voz molesta del anciano Cash, se oyó en la otra línea apenas se conectó la llamada. El viejo estaba lo suficiente molesto, por la vergüenza que su nieto le había hecho pasar en la Villa de los Dómale.

Maximiliano no se molestó en responderle, sin más finalizo la llamada. Estaba lo suficiente molesto como para tener que lidiar con su abuelo—¡Qué día de mierda! —Resopló con molestia.

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