Capítulo 5 Cayendo por completo
Un fuerte ruido resonó por todo el estudio de la enorme mansión Cash. Los pedazos del móvil cayeron en el piso. —¡MOCOSO INSOLENTE! —Gritó con cólera el anciano con su rostro enrojecido —. ¿Cómo se atreve a ser tan irrespetuoso? No solo me hizo quedar en vergüenza, ahora se atreve a cortarme la llamada —Vociferó temblando de la ira. Mientras que su respiración se hacía más pesada dificultando que el aire entrase normalmente a sus pulmones.
Apenas dió un paso hacia la puerta principal, se tambaleó perdiendo el equilibró. Su cuerpo arrugado y ya cansado, cayó en el piso.
Pronto la puerta del estudio se abrió, el mayordomo de la familia corrió hacia donde se encontraba el anciano.
—Señor sus pastillas —dijo colocándosela en la boca del viejo, para luego pasarle el vaso con agua que llevaba en sus manos.
El anciano tragó las pastillas con el agua, y pronto su respiración se estabilizó, por lo que con ayuda del mayordomo se sentó en el sofá. Éste no preguntó el motivo de la crisis que había tenido porque sabía que el único quien podía hacer que se enfureciera a tales grados, era su nieto.
—Señor, debería de tener más cuidado, su salud no es tan buena —dijo el mayordomo, llamando la atención del anciano Cash, quien entrecerró sus ojos al escucharlo.
—Ahora no Pedro, ese mocoso me saca fuera de mis cabales, cada día su insolencia aumenta —Reprochó en su defensa —. Mejor dime que has averiguado de esa mujer con la que sabe andar mi nieto.
—Parece que el señor Maximiliano realmente está enamorado de ella —Confesó el mayordomo sabiendo a quién se refería el anciano.
—¡No! Jamás permitiré tal acto inmaduro —dijo el anciano con rapidez, reacio a que su único nieto terminara cayendo por completo en las garras de dicha mujer, que era todo menos digna para formar parte de la familia Cash.
—¿Averiguaste porque la hija de Marc no se presentó en la cena? —Indagó.
—Me informaron que la señorita Dómale estaba en un club celebrando el cumpleaños de una amiga —Fue la respuesta que le otorgó.
—Parece que ésto va a ser más difícil de lo que pensaba —Murmuró el anciano con voz ya cansada.
Dentro de la sala 501, Tanying se frotaba sus mejillas rojas y sentía que ardían de vergüenza. Eso era la cosa más loca que había hecho en su corta vida. Con el corazón agitado, su mente era un remolino de caos que se inundaba de pensamientos.
Emocionada, Emily se acercó a Tanying, quien todavía estaba absorta en sus pensamientos, y la sacudió por los hombros —¿Sabes quién era ese hombre? —Preguntó alarmada.
—No. ¿Quién es él? —Preguntó Tanying, tratando de relajarse, mientras tomaba un trago de agua.
De repente la puerta de la sala se abrió y un hombre atractivo procedió a entrar, pero todos estaban entretenidos en lo suyo como para percatarse del nuevo individuo, o más bien en el chisme que estaba a punto de contar Emily.
—¡Maximiliano Cash! —Emily gritó su nombre con mucha fuerza mientras miraba el rostro de su amiga. Se suponía que el nombre era suficiente para saber de quién se trataba, por lo que quería estar segura de que Tanying lo escuchara bien.
—¿Y, que pasa con eso? — Indago Tanying, sin tener idea de porque el alboroto de Emily.
En lugar de enojarse Emily se quedó atónita. Incluso Jeremy uno de los mejores amigos de Tanying se quedó pasmado cuando escuchó el nombre.
—¡Maldición! Tang —Exclamó alguien en la multitud y a quien el nombre de Maximiliano golpeó sus oídos como el trueno de un rayo.
Por otro lado, quien no supiera de Maximiliano Cash, tendría que haber vivido bajo una roca toda su vida. Aunque muchos sabían su nombre, muy pocos conocían su rostro, ya que en las revistas y en los medios de comunicación jamás revelaba su rostro y cuando eso pasaba su imagen podría durar minutos subida en línea para luego ser borrada. No era de extrañar que una chica como Tanying, quien no vivía pendiente de los chismes o medios de comunicación como el resto de sus amigos, no conociera su rostro.
Todos no pudieron evitar reír, al ver el rostro de la chica palidecer. Tanying reaccionó, tomó un puñado de servilletas y procedió a limpiar el rostro de su amiga, pero estaba demasiado fuera de si como para disculparse.
—¡Joder, Tang! ¿Me estas jodiendo acaso? ¿Como que y qué? Estamos hablando del empresario más joven que ah rompido récords en el mundo de los negocios —Emily maldijo.
Tanying no dijo nada y salió corriendo tan rápido como pudo. Pero de repente Maximiliano la tomó de la muñeca y la jalo cerca de él. Estoy frita, fue el primer pensamiento que se le cruzó por la mente, al reconocer aquella fragancia que hace momentos atrás le había parecido adictiva.
—Sí que estás frita, pero del cerebro —Respondió con sarcasmo Maximiliano, quien había escuchado su pensamiento, porque la chica lo había dicho en voz alta.
Silencio absoluto, los murmullos y risas se silenciaron automáticamente, más nadie se atrevió a mover un solo músculo. Por otro lado, el rostro de la joven palideció como un papel, en el momento que sus ojos hicieron contactó visual.
