Capítulo 6 Situación vergonzosa
Si minutos atrás le había parecido familiar, ahora por la luz de los pasillos pudo ver perfectamente sus rasgos faciales. ¡Si!, el mundo era tan pequeño que de entre todos los presentes del club, a quien besó tenía que ser el mismo hombre del centro comercial. Maximiliano Cash, a quien también lo había acabado de besar.
—No volveré a consumir tanto alcohol la próxima vez, lo prometo — Susurró rompiendo el silencio que se formó en el ambiente, pensando en la posibilidad que el hombre quien la miraba con furia era simplemente parte de su imaginación.
Solo estoy alucinando, se dijo así misma con una expresión aturdida.
Todos se tiraron miradas complicadas entre sí, antes los murmuro incoherentes de la chica. Sin embargo, Maximiliano pensaba que la chica nada más estaba actuando, por lo que la agarró con mayor fuerza de su muñeca.
—En la estación de policía podrás seguir con tu estúpida actuación —Apenas terminó de decir esas palabras, arrastró a la chica fuera de la habitación, seguido por Paul.
Al ver que su amiga había sido arrastrada por Maximiliano Cash, todos temieron por ella, por lo que Jeremy, Jixon y varios chicos corrieron tras ella, pero tan pronto como llegaron a la puerta varios hombres vestidos de negros bloquearon su salida.
—¡Quítense de mi camino! O no me haré responsable por lo que vaya a suceder —Rugió Jeremy con enojo. Al ver que ninguno se quitaba de la puerta, lanzó un puño golpeando el rostro del tipo, por lo que los demás siguieron su ejemplo y comenzaron a golpear a los demás.
—¡ESTO ES GUERRA! —Grito Emily a ver que sus amigos estaban peleando solos —. ¡Todos contra ellos! —Expresó lanzando un pedazo de pastel en la cara del tipo que tenía agarrado por el cuello a Jeremy.
En un segundo después todos estaban peleando unos a otros volviendo aquella sala, que había sido decorada para un cumpleaños en un rin de boxeo, mientras que las chicas lanzaban cosas, los chicos peleaban a puño limpio.
En el pasillo...
—¿Estación de policía? ¿Acaso estás loco idiota? Acabo de besarte, no de cometer un delito, ni siquiera podría llamarse a eso besar, ya que simplemente fue un roce inocente, así que suéltame —Gritó mientras intentaba zafarse de su fuerte agarré.
Vaya hasta que al fin dejo de fingir y saco sus garras como la gata callejera que es. Pensó para sí mismo Maximiliano arrastrándola con él al ascensor.
Paul presionó el botón del primer pisó con rapidez.
—¿Qué no me escuchaste? Te dije que me soltaras idiota —Maximiliano le lanzo una mirada fría, sin previo aviso la tomó por el cuello de su blusa y la azoto en el frío metal del ascensor.
—¡Agh! —Gimió Tanying ante el dolor en su espalda ocasionado por el golpe, por primera vez en su vida comenzó a sentir cierto temor por lo que fuera a pasar. Paul miró horrorizado la escena que se estaba llevando a cabo frente a sus ojos, sin saber cómo detener aquella situación.
—¿Idiota? ¿Sabes a quién estás insultando su mocosa de mierda? —Habló con la respiración pesada tratándose de controlar a sí mismo. En su vida perfecta, Maximiliano jamás había sido insultado por nadie de tal manera como lo estaba haciendo aquella chiquilla.
Los labios de Tanying se curvaron, mostrando una sonrisa forzada —¿Qué hay de ti? ¿Sabes quién demonios soy? ¡Grandísimo cabrón!.
—¿Qué quién eres tú? —dijo con burla desviando su mirada por la silueta delgada de Tanying, quien no evitó estremecerse. Una vez que sus ojos volvieron a su rostro, Maximiliano sonrió con burla —. Una simple gata callejera que busca llamar mi atención para meterse en mi cama.
En ese instante las puertas del ascensor se abrieron, por lo que Tanying aprovechó la oportunidad y elevó su rodilla golpeando fuerte los genitales del hombre. Maximiliano soltó su agarre cayendo de rodillas al piso ante el fuerte dolor.
—Tendría que estar demasiado demente para fijarme en un animal como tú —Expresó, para luego salir con rapidez escabulléndose entre la muchedumbre de la salida.
Tan pronto como salió del club, se subió a su automóvil y condujo a toda velocidad hacia la casa de sus padres. Mientras conducía, Tanying siguió pensando en lo sucedido. Por estar en la celebración de cumpleaños de su amiga, no asistió a la cena con sus padres y sus invitados, y aquello la tenía muy ansiosa. Recordó que su madre le había dicho, unos días atrás, que no podría faltar a ese compromiso. Sin embargo, había hecho caso omiso y ahora realmente se arrepentía. Si no hubiera sido por aquel cumpleaños, no tendría que haber pasado lo que vivió esa noche y no tendría que estar con tanta ansiedad encima.
Tanying siempre había sido una niña problemática, debido a las travesuras que hacía sin medir límites. Había hecho todo lo que quería, sin restricciones de ningún tipo, pero su padre sabía que podía castigarla sin mucho esfuerzo. La mayoría de veces, sus castigos estaban destinados a asustar directamente a la chica.
Mientras estaba conduciendo, de repente recordó algo y se dio una palmada en la frente.
—¡Oh! Mierda, mierda, ahora lo recuerdo, papa tiene que tener negocios con ese tipo, se supone que es el GRAN MAXIMILIANO CASH.
¿Qué más podía esperar? No solo se había atrevido a rayar el parabrisas de su automóvil con lápiz labial, sino que se había atrevido a besarlo justo en el mismo día para rematar, y aún peor lo había golpeado justo en sus genitales. ¿Qué diría su padre si eso llegaba a sus oídos?. Así que esa era una razón más para que Tanying estuviera agitada.
—¡Ay, por Dios! Estoy en problemas muy serios, realmente espero que no se entere de quien soy —Continuó orando en silencio.
Cuando llegó a la casa, dejó escapar un suspiro de alivio al notar que ninguna luz estaba encendida.
—Tal vez realmente no supo quién era, porque de saber ya hubiese llamado a mis padres. No es que salga continuamente en las revistas por ser hija de un empresario como mi padre y cuando eso sucede mi rostro siempre es editado, aparte con los quince quilos de maquillaje que se encargan de ponerme como un payaso las maquillistas para ocasiones de fotografías, hay una probabilidad del 75 % de que me parezca a mi yo de estos momentos en dichas imágenes, además cuando le dije que no tenía idea de quien era yo, se notó por sus palabras que no sabía de mi existencia ¡Agradezco a Dios por eso! –Murmuró.
Cuando entró a la mansión, vio a Marc de pie bajo una de las lámparas del jardín, vistiendo únicamente un pijama delgado. Estaba con los brazos cruzados, sin expresión alguna mientras la veía entrando. El corazón se le aceleró. ¡Mierda! Papá debe saberlo. Pensó ella para sí misma. Luego respiró hondo y lo abrazo.
—Papá, lo siento, prometo que no volverá a pasar.
—Supuse que no volverías esta noche —Suspiró, creyendo que su hija se disculpaba por no haber asistido a la cena.
—¿Entonces por qué estás aquí? —Preguntó juguetonamente Tanying, apoyándose en su hombro, fingiendo que no pasaba nada.
—Yo… quise salir a mirar el cielo —Esa fue la peor excusa que se le ocurrió a Marc, dado que aún no tenía el corazón para contarle a su hija acerca de que tenía que casarse, y sobre el hecho de que toda la cena había terminado arruinada por su ausencia.
Tanying se río —Tenía que venir, mamá no me lo perdonaría. Pero Papá, también te eché de menos.
—Tanying Dómale Dapane, ¿Hay algo que tenga que saber? —dijo Marc, arqueando sus cejas. Su hija solo le decía que lo echaba de menos cuando hacía travesuras o necesitaba más dinero. No es que fuera tacaño, pero para su hija el dinero nunca le era suficiente, por lo que Marc ya sabía que no venía nada bueno.
Tanying se dió cuenta de que su padre no sabía nada, lo que hizo que su corazón se sintiera aliviado, si eso significaba que tendría que hacer cualquier cosa para que toda aquella situación vergonzosa no llegara a oídos de su padre, lo haría.
—No hay nada que no sepas de tu hija, papá— Aclaró ocultando su nerviosismo.
—Entremos y descansemos un poco —Tomó el brazo de su padre y caminaron hacia la Villa, lentamente.
