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EIRA

Uno. Dos. Tres.

Conté las pequeñas grietas en la pintura. Era lo mínimo que podía hacer para mantenerme cuerda.

Llevaba tres días en esta cama. O tal vez cuatro. No lo sabía. El tiempo se sentía diferente aquí. Avanzaba como un jarabe espeso.

Después de que me dieran de alta, el médico me h...

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