Capítulo 3 Prólogo
Mila
Orgullo.
Sería el pecado capital que me define perfectamente y ha sido la razón por la cual quizás actué por primera vez de forma imprudente en toda mi vida. Siempre me he sabido controlar, pero cuando me pusieron el reto en la mesa, cuando me dijeron las palabras que no debían, yo hice ver que siempre consigo todo lo que quiero y observándome ahora frente al espejo sé que es tarde para dar marcha atrás.
Mi cuerpo está seductoramente cubierto por un un conjunto muy sexy, con ligueros en mis muslos, medias altas, mis pechos abrazados en el corset y mi cabello peinado en rizos suaves que recorren toda mi espalda hasta llegar a la parte baja, mis ojos pintados de forma ahumada, haciendo que el marrón en ellos brille más que nunca y haciendo que mis labios en el tono rojo se vean atrayentes.
Me veo perfecta para ser devorada por el demonio, pero antes de que él aparezca abro el frasco y coloco más color en mis labios, viéndose el gloss en ellos y sonrío, me veo perfecta.
Así que cuando la puerta se abre, mi corazón da un salto cuando giro hacia el hombre alto y de mirada animal, el hombre de pelo negro recogido en lo bajo de su cabeza, el hombre de ojos oscuros que parece consumir todo el lugar solo con su presencia y el hombre que hace unas horas se convirtió en mi esposo.
Porque esta es nuestra noche de bodas.
Puedo ver la rabia en él al saber que yo gané ese estúpido juego que teníamos y cuando llega hasta mí tengo que levantar la mirada porque aun en tacones me lleva varios centímetros, él me hace jadear cuando me toma el cuello y me pega al tocador de la habitación haciendo que varios frascos caigan al suelo.
—Maldita mocosa, lograste lo que querías —gruñe en mi rostro, y el japonés siempre me ha parecido algo sucio en sus labios.
Los rasgos asiáticos de este hombre son hermosos como todo él, es por eso que sonrío aun cuando él cree que me lleva ventaja.
—Te dije que yo nunca pierdo, tú debiste saberlo hace tiempo, te dije que sería tu esposa y aquí estamos —los ojos de él se pasean por todo mi rostro, bajando a donde el corset aprieta mis senos haciéndolos ver más grandes y llamativos.
—No creas que te follaré, no llamas mi atención, te lo dije, he tenido mujeres muchísimo más hermosas que tú, Mila Volkova —sonríe con arrogancia acercándome a él.
—Aun cuando pudiste tener a la misma reina o diosa del mundo, ahora soy yo a quien estás encadenado. ¿Sabes lo mejor? —susurro a pocos centímetros de sus labios— que no me puedes matar aunque tengas ganas de hacerlo o te matarán a ti, estamos en este hoyo juntos, cariño. —El apodo es una burla que hace que el agarre en mi cuello tome fuerza, haciendo que mis pezones se vuelvan duros y dolorosos. Tengo que estar mal de la cabeza para que este hombre me guste tanto. —Cuidado con lo que haces, esposo mío —sonrío y él parece que está presenciando al diablo.
—En algún momento te mataré —me encojo de hombros.
—Si esa idea es lo que te pone así de duro, creo que puedo fingirla —murmuro moviendo mis caderas hasta sentirlo duro contra mi cuerpo. Mi esposo no sabe a donde mirar.
—Maldita —susurra, pero me sorprende cuando me acerca y pega su boca a la mía como quería que hiciera, besándome con esa clase de salvajismo que lo caracteriza a él y a su gente, haciéndome gemir en su boca cuando se separa y mi sonrisa cubre mi boca completa. —Aunque deba hacerlo no te follaré por si lo estás esperando, te dije que no te veo de esa manera.
—Tranquilo, no lo haremos —él me mira confuso antes de soltarme el cuello, haciendo que todo su rostro se convierta en rojo, un rojo intenso, y él comienza a toser.
—¿Qué? —jadea cayendo al suelo.
—Escuché que mi esposo era alérgico a las fresas, qué locura que en mis labios sea fresa lo que haya —sonrío—. Hora del espectáculo, mi amor. No debiste hacerme enfadar en la recepción de nuestra boda.
Y viendo sus ojos quemarme con fuego, comienzo a llorar fingiendo máxima preocupación.
Porque soy el caos que llegó a la vida de Kai Mashiro, mi ahora esposo.
