Capítulo 4 Cap.3
Mila
Quizás estoy exagerando, pero recuerdo el momento exacto en el que amé el ballet. Era pequeña, estaba sentada junto a mi gemela y mi madre viendo una película de Barbie, específicamente Barbie y el cascanueces, cuando la vi bailar junto al príncipe el corazón se me llenó de emoción y cuando mamá, luego de verme intentar dar pasos de ballet sola en mi habitación, me llevó a una academia, no ha habido día en el que no esté enamorada.
Amo la manera en que mi cuerpo siempre me exige más, más para poder moverme, más para poder expresar lo que llevo dentro y más para poder ser la mejor. Porque luego de seis años de pausa en una carrera que iba subiendo muy rápido, volví al ballet.
Mi cuerpo todavía tiene la técnica perfecta, esa que me hizo brillar en el pasado y que ahora muestro en el escenario mientras la directora del lugar me observa desde la primera fila. Siento el sudor en mi cuello mientras me movilizo, sé que hay elegancia y delicadeza en mis pasos, que soy un mar de emociones que podrían hacerme estallar, pero estoy bailando frente a otras personas luego de seis años.
A los catorce conquisté un teatro en Japón, conseguí un lugar en una academia de gran prestigio y una de las más importantes actualmente; sin embargo, todo se fue a la mierda cuando el cabrón que tenía por padre me jugó sucio, me arruinó la carrera.
Iván Volkov, ese es el nombre del hombre que donó su esperma para que mi hermana y yo naciéramos. No recuerdo un solo momento en donde ese hombre se haya comportado como un padre; fue solo el mafioso cobarde que se escondía detrás de los demás para poder subir como organización. Sin embargo, hay algo que nunca le dije a nadie, ni siquiera a mi gemela: papá es más horrible de lo que todos ellos pensaban.
Cuando trató de vender a mi hermana a su socio fue cuando mi hermano mayor tomó el control de todo y lo mató, quizá eso fue lo mejor que nos pasó a Darya y a mí.
Sin embargo, soy buena expresando el rencor con mi baile y es por eso que cuando me muevo y lo hago, sé que voy a conseguir el papel que quiero. Todas mis antiguas compañeras han avanzado, pero ninguna ha brillado tanto como yo en el pasado. A pesar de que pausé mi carrera, nunca dejé de practicar, nunca dejé mis dietas, nunca dejé lo que verdaderamente amo.
El ballet y yo somos uno solo y no me veo en una vida sin bailar. Es la mitad de lo que soy, es lo que me permite un escape cuando mi cabeza se llena de ideas, es lo que me permite sonreír luego de un día de mierda y cuando me mantengo de puntillas todo el tiempo posible antes de desplazarme y convertirme en el personaje que interpreto, sé que conseguí el papel nada más terminar y sentir que mis emociones estallaran.
Hago una breve reverencia antes de levantar la mirada, noto que los productores y la directora están asombrados con lo que acabo de hacer, así que camino con confianza hacia adelante en el escenario esperando que me den el veredicto.
—Eso fue impresionante, Mila, ¿segura que pasaste seis años fuera del escenario? —cuestiona, y tengo que controlarme para no mostrarle una sonrisa arrogante, porque pasé realmente seis años fuera, pero mi dedicación nunca estuvo fuera de la mesa.
—Así es —respondo finalmente, y ella sonríe.
—Eso fue precioso, niña, te quiero como parte del proyecto, ¿crees que puedes hacerlo? —cuestiona nuevamente y asiento.
—Lo haré —ella sonríe y luego me despide. Estoy por volver al vestuario, pero las dos figuras en el público detienen mis movimientos. La sonrisa de mi cuñada y una chica a su lado que no conozco es lo que me recibe.
Es por eso que camino despacio bajando las escaleras, viendo cómo Anastasia Volkova y la chica se acercan a mí. Cuando llegamos a acercarnos me doy cuenta de que la chica tiene rasgos asiáticos, cabello negro, ojos negros y es preciosa, parece una de las muñecas inquietantes que coleccionaba de niña.
—Estuviste preciosa, Mila —aparto la mirada de ella para posarla en mi cuñada, sonrío un poco porque es la primera vez que Anastasia me ve bailar. Aunque se me hace extraño que me hable en inglés, supongo que es para que su acompañante entienda, lo que me hace saber que no sabe ruso.
—Gracias, aunque estoy sorprendida de que estés aquí, no sabía que te gustaba el ballet —ella niega despacio y gira el rostro hacia la chica.
—Te presento a Hana Mashiro —mi cuerpo reacciona al apellido de inmediato. Miro con nuevo interés a la mujer que permanece en silencio.
A pesar de que han pasado los años, nunca he dejado de pensar en ese hombre. El hombre que me ayudó y en pocos minutos me fascinó tanto que al día siguiente, en el tour que nos dieron, lo busqué por todas partes; investigué de él, pero fue poco lo que encontré. Desde entonces no volví a verlo, nunca supe quién era realmente, como si la tierra se lo hubiese tragado.
—Mucho gusto —tiendo mi mano y ella la toma con inseguridad dándome una simple sonrisa.
—Hana no puede hablar —me advierte Anastasia y entonces recuerdo sobre ella.
Es una mujer que mi hermano y mi cuñada salvaron, sé que la ha mantenido escondida, sé que es japonesa y no sé por qué Anastasia ahora la está exhibiendo. Sin embargo, el brillo en los ojos de la mujer y algo turbio en su mirada me hacen saber que su silencio es el peor castigo o algo más.
—Entiendo, lo lamento —es todo lo que le digo y ella niega. La veo abrir lo que parece un cuaderno y escribir en él.
—Bailaste tan hermoso que me hizo recordar la primera vez que mi hermano me llevó a un teatro, eres increíble —sonrío un poco con lo que estoy leyendo y asiento.
—Entonces espero poner una sonrisa en tus labios al menos —ella sonríe un poco y eso me emociona sin saber por qué. Quizá es su expresión de tristeza absoluta lo que me invita a darle un poco de alegría.
Anastasia sonríe como si ya hubiese planeado este encuentro, así que cuando mi cuñada suspira y me abraza sé que pasa algo más.
