Capítulo 5 Cap.04
—Está nerviosa, su hermano envió una solicitud para forjar una alianza. Busca una esposa, pero todavía él y Vladislav están estableciendo los acuerdos. Ella ama el ballet, así que pensé que sería bonito que te viera a ti —se separa y sonríe—. ¿Por qué no la llevas de vuelta a su residencia? —no sé qué planea mi cuñada, pero asiento.
—Claro, al final no me darán los resultados hoy y pensaba irme, iré por mis cosas —ellas asienten.
Así que busco mis pertenencias, me despido de todos y camino para irme con mi cuñada, solo que ella se despide cuando una llamada le entra y tiene que retirarse. La verdad es que no sé qué hablar con ella, pero sus ojos se sienten vacíos mirando al exterior.
Al llegar a la residencia donde mi hermano la tiene, ella baja y luego de que los hombres que nos cuidan dan el visto bueno, ingresamos. El lugar es espacioso y agradable, me quito el abrigo y lo dejo en el mueble mientras tomo asiento.
—Lamento que Anastasia te haya puesto de niñera —escribe en su libreta y sonrío.
—Para nada, supongo que es bueno para conocerte, ¿eres japonesa, cierto? —cuestiono y ella hace una mueca antes de sonreír.
—Así es —responde al mostrarme el cuaderno y asiento.
—Supongo que extrañas tu familia y tu país —los ojos de Hana se abren sorprendidos al escuchar cómo cambio de idioma al japonés, aunque supongo que mi acento sigue siendo algo torpe; he estado practicando un poco, secretamente, nunca dejé de aprenderlo luego del encuentro con ese hombre. Quizás es la manera en que la gente siempre dice que los asiáticos se parecen, pero los rasgos de Hana me recuerdan un poco a él—. Lamento no pronunciarlo de forma perfecta —ella sonríe y comienza a escribir.
—Tenía años sin escuchar a nadie hablar mi idioma natal —sus labios tiemblan cuando me enseña el cuaderno—. Gracias, Mila —niego.
—No es nada —miro mi reloj y hago una pequeña mueca—. Sin embargo, debo retirarme, tengo un asunto pendiente —ella se levanta y asiente.
—Por cierto, tu acento no es nada malo, lo pronunciaste de forma perfecta —escribe y sonrío. Luego de una despedida me abrigo y, mirándola una vez más, suspiro y salgo.
Algo en Hana, a pesar de ser mayor que yo, me da ternura. Antes de irme me quito las lentillas y mis ojos lo agradecen. Me acomodo los lentes y cuando salgo ha comenzado a nevar un poco, me coloco mi bufanda y guantes y los hombres que siempre me cuidan saben que no se deben acercar mucho a mí.
—No me sigan un momento, haré una llamada —comento a uno de los hombres antes de alejarme.
Siento una mirada en mi cuello que me hace detener el paso un segundo, miro a mi alrededor de forma disimulada antes de sacar el teléfono, camino alejándome un poco de los hombres y cuando paso cerca de un callejón, es cuando guardo el teléfono. Me paralizo cuando alguien detrás de mí me pone un arma en la cabeza, tensándome de inmediato.
—No hagas un solo maldito ruido —el susurro que siento viene en inglés, pero la voz ronca y pesada, una que podría identificar hasta en el mismo infierno, me hace sentir el vientre apretado por su acento—. Así que calla esa bonita boquita y sígueme —la orden me llega y no sé qué me hace ser tan obediente cuando él coloca una mano grande en mi cintura para alejarme y meterme a otro edificio.
Aunque algo muy dentro de mí, la parte obsesiva y oscura que pocos conocen, es la respuesta que no acepto del todo.
