Capítulo 7 Cap.06

—Deja de soñar, pequeña—es todo lo que digo, guardando mi arma, y ella se ríe.

Lo que me está sacando de escena es el descaro que tiene. Esta mocosa es una tonta y también se supone que es una dama. En mi territorio las mujeres no son tan descaradas; las mujeres nunca toman la iniciativa y la mujer que se atreviera a decirme palabras como estas estaría muerta más rápido de lo que canta un gallo, así que estoy impactado.

—Soñar no, soy realista, y cuando me tengas bajo tu cuerpo cumpliendo mi función de esposa entonces verás que es verdad —me tenso con la imagen que pone en mi cabeza y la miro fijamente.

Imagino toda esa piel blanca y tersa en mi cama, las mejillas sonrojadas, y tengo que apartarla tan rápido porque me siento como un puto pervertido imaginándola de esa manera. Esta chica es muy joven aún, yo soy un hombre que le lleva una década a ella; es demasiado joven para mirar a los hombres de semejante manera. Quizás si le cuento a Vladislav que su hermana está descarriada le ponga una puta correa.

—Se supone que eres una maldita dama —gruño furioso y no sé si con ella por toda la mierda que está diciendo o conmigo, que aún sigo aquí plantado escuchando esta estupidez.

Debo mantener la cabeza fría, se supone que debo irme con una maldita alianza; es lo único que me dará poder sobre mi tío, lo único que hará que siga manejando el poder que pude robarle a él y recobrar parte del territorio. Ahora mismo estamos muy vulnerables, pero no puedo imaginarme consumando el matrimonio con esta mocosa. Es tan delgada que siento que la partiría en dos si la intentara tocar de alguna manera; aunque el abrigo enorme que lleva quiere ocultar parte de su cuerpo, se nota.

Me gustan las mujeres con muchos atributos físicos, grandes tetas y culo enorme; esta muchacha no tiene nada más que un lindo rostro. Me recuerda a los cuentos de hadas, un rostro sacado de cuentos, eso es lo único que tiene, y un apellido poderoso que la respalda.

—Se supone que hablo con mi prometido —se ríe ella y frunce el ceño cuando la llaman—. Mierda, voy un poco tarde a mis clases, pero tranquilo, futuro esposo, visítame un día de estos y te prometo que podemos llegar a un acuerdo. Y respecto a lo del reto, ahora me lo tomaré personal —ella guarda su teléfono.

—¿El qué te tomarás personal? —ella se acerca.

—El tenerte para mí. Aunque no lo parezca, ya nos hemos visto antes, señor Mashiro —ella se ríe y esa maldita sonrisa es jodidamente inquietante; esta niña de por sí es inquietante—. Me gustas, y si algo me gusta soy un poco caprichosa, ¿sabes por qué? Porque pocas veces hay algo que llame mi atención, y tú en este momento la tienes por completo —frunzo el ceño.

—Medícate, estás loca —ella se ríe despacio y luego me sorprende cuando tira de mí con fuerza, solo para que baje la cabeza hacia ella quedando cerca del bonito rostro que tiene.

—Sí, quizás un poco loca, no me tomes en cuenta —susurra—. Sin embargo, ya que somos prometidos podemos hacer algo como despedida —intento alejarme, pero ella me mantiene sujeto y si me suelto bruscamente la lastimaré, y como dije, es tan delgada que siento que la rompería fácilmente, y solo por eso me quedo donde estoy.

—¿Qué quieres hacer? —ella me mira a los ojos un segundo, un maldito segundo, y al siguiente tengo una boca caliente y suave sobre la mía. Me paraliza un instante antes de apartarme y alejarme de ella.

—Un beso de despedida. Adiós, hermoso prometido —me dice antes de alejarse de mí corriendo y tengo la tentación de sacar mi arma y matarla.

Yo me sigo preguntando si el hombre con el que pienso formar una alianza sabe lo desquiciada que está su hermana, pero algo me dice que el hombre vive ajeno a eso.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo