Capítulo 8 Cap.07

Mila

Cuando mis clases terminan ese día, estoy siendo una mujer algo loca, pero llego a la mansión tan rápido como puedo. Me siento con mucha energía y demasiado acalorada luego de mi encuentro con ese hombre. Tengo años buscando saber algo de él y ahora sé que puedo ttenerlo, porque él se convertirá en mi esposo. No dejaré que nadie lo tenga cuando tengo una rara obsesión por saber más de él desde el día en que nos conocimos, y es que ese hombre parece que los años le han sentado de maravilla, porque se ve aún mejor que hace seis años atrás.

Me muevo hasta el despacho de mi hermano, el pakhan de la mafia rusa, abriendo la puerta de golpe y entrando agitada. Aún llevo mi vestuario de ballet y supongo que el verme alterada sorprende a Vladislav y a mi cuñada, quien no parece ni remotamente avergonzada de que posiblemente los compromisos por los cuales nos dejó a Hana y a mí fueron comerle la boca a mi hermano, aunque al menos agradezco que ambos estén vestidos y que el rostro de mi hermano no esté entre las piernas de mi cuñada. Suficientes traumas me han generado.

—Necesito hablar contigo —le hago saber. Mi cuñada suspira y se pone de pie, pero mi hermano tira de ella devolviéndola a su regazo y dándole un beso antes de dejar que ella se levante. Sonrío un poco y antes de que ella pase por mi lado le acaricio el vientre—. Seré la tía favorita —le digo riendo.

—Si me consigues un pastel de chocolate, esta semana lo serás —me responde Anastasia con picardía.

—Nada de dulces, mi reina, y no bromeo —interviene Vlad. Ella hace una mueca, le saca el dedo medio a escondidas y sale de la oficina riendo, dejándonos solos—. Tienes toda mi atención. ¿Qué necesitas? —me pregunta.

Cuando los ojos azules de mi hermano me miran me sonrojo como si él pudiera atravesar mi cabeza y ver todos los pensamientos obsesivos que tengo por Mashiro. Solo pienso en su mano grande, en su tono de voz, en sus ojos negros, en la mirada retadora y siento que me vuelvo a calentar.

—Los japoneses mandaron una propuesta —le digo, haciendo que él frunza el ceño y me observe con atención.

—¿Cómo sabes eso? —inquiere. Juego con mis dedos de forma nerviosa porque aunque sé que mi hermano es como un padre para mí, la verdad es que a veces Vladislav puede intimidar mucho y lo que le diré no le hará gracia—. Mila —me advierte con el tono, y solo pensar en ese hombre apuntándome y luego el beso que le di, me sonrojo aún más.

—Tomaré la propuesta. Me casaré con el nuevo líder —le digo con firmeza.

Mi hermano suelta una risa seca y sin gracia. Supongo que él piensa que estoy bromeando, porque no pone el grito al cielo.

—Muy buen chiste, pero necesito trabajar —me dice volviendo a mirar los papeles de su escritorio. Mi ceño se frunce.

—No bromeo. Quiero que tomes la alianza. Me casaré con el nuevo líder.

No me espero la forma en que golpea la mesa del escritorio con fuerza, haciendo que me sobresalte.

—Sobre mi cadáver. No eres una maldita moneda de cambio. La respuesta es no.

Respiro hondo y niego.

—Quiero hacerlo —repito.

—No —responde como si fuera lo último que me dirá. Lo miro fijamente y supongo que él nota el desafío y la determinación en mi mirada—. ¿Por qué demonios te estás metiendo en esto siquiera?

—Porque yo conozco al nuevo líder, Vlad —le hago saber.

—Aunque conocieras al mismo diablo, mi respuesta seguiría siendo no —gruñe, provocando que apriete mis labios con fuerza.

—Soy mayor de edad, así que hazte la idea de que pronto seré una mujer casada.

Es mi última advertencia antes de caminar y salir del despacho azotando la puerta con enojo.

Cuando salgo a la sala me encuentro a mi cuñada con el perro de Vladislav pegado a ella. La verdad es que Zeus, desde que mi cuñada salió en cinta, es el perro más posesivo del mundo, casi está a la par de Vlad actuando como un neandertal con Anastasia.

—Escuché los últimos gritos desde aquí —me hace saber comiendo uvas despacio, con el perro teniendo la cabeza en su vientre—. No pensé que te interesaras en estas cosas, Mila. Te advierto que Vlad no está nada contento —me encojo de hombros.

—Ya tomé una decisión, me casaré con él. Además, te recuerdo que tu historia con mi hermano empezó con una alianza —ella deja lo que come a un lado, levantándose. Zeus mueve la cola, viéndose ansioso de que ella vuelva al lugar de antes.

—Te recuerdo que en su momento solo pensaba en la manera más factible de cortarle el cuello a tu hermano. A pesar de que es un imbécil, Vlad no fue un salvaje conmigo. No sabes cómo son los japoneses, Mila, estarás en un territorio donde las mujeres no son tratadas como aquí. Vlad deja que las mujeres trabajen para su organización, ¿ellos? Para la yakuza las mujeres no tienen voz ni voto —la miro fijamente porque sé esas cosas.

Sin embargo, no es la maldita mafia lo que me interesa, todo lo que quiero es a ese hombre, nada más. Es una necesidad ahora que sea mi esposo porque él me retó a su manera y ahora que volví a verlo estoy deseando más que nunca tenerlo.

—Me casaré con él, gracias por preocuparte, Ana, pero si algo me enseñaste es a que ningún hombre me pisotee —ella suspira y asiente.

—Supongo que estás determinada a eso —asiento y ella sonríe—. Personalmente no me gusta la idea, pero pocas veces te he visto tan determinada con algo. Te diré algo que escuché por ahí. La propuesta llegó, pero Vlad y el japonés hablarán en una cena en dos días —siento el pecho arderme—. Solo recuerda que yo no dije nada —le sonrío a mi cuñada.

—Gracias —ella se ríe cuando yo lo hago, es momento de que le muestre a mi futuro esposo algo más que un beso suave.


No soy una persona ansiosa, sin embargo, cuento las horas para que llegue el día en que mi hermano se encontraría con ese hombre. Pocas veces me importa cómo me veo, esta noche es una de esas raras ocasiones.

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