Capítulo 9 Cap.08
El vestido rojo es bonito y sexy, uno de los tantos regalos hechos por mi hermana gemela. El vestido es corto, el escote en forma de V haría que mi hermano reconsidere la idea de meterme a un convento, pero disfruto mirándome al espejo, viendo los colgantes dorados al igual que el collar y sintiéndome más ansiosa por ver qué ocurrirá esta noche.
Mi cuñada me envió la dirección en cuanto la consiguió, así que ahora, sabiendo que mi hermano no llegará puntual porque le gusta hacer esperar a la gente que quiere alianzas con él. Según Vlad es más efectivo hacer que su desesperación crezca, lo siento por mi hermano, pero esta noche me robaré esos minutos de espera.
Es por eso que cuando salgo de la habitación con un abrigo enorme agradezco que no haya nadie cerca, respirando hondo bajo las escaleras y salgo de la casa subiendo al coche que mandé a preparar. Los hombres que me cuidan están sorprendidos por verme arreglada, casi creo que ellos piensan que mi gemela Darya está usurpando mi lugar en este momento y es por eso que les sonrío. Son pocas las personas que pueden distinguirme de mi gemela, así que sé que ellos seguirán toda la noche dudando cuál de las dos soy.
Sin embargo, no presto atención a eso sino al coche cuando se detiene en el lugar que especifiqué y cuando bajo del auto, me estremece el frío de la noche, aun así camino a pasos seguros hacia el interior del lugar que fue reservado solo para ellos.
—Lo siento, señorita, el lugar está reservado —miro a la chica y le sonrío de forma encantadora.
—Mila Volkova —es lo que le digo, haciendo que ella se tense y asienta.
—Disculpe por no reconocerla, señorita Volkova, su hermano reservó el lugar aunque no nos hizo saber que usted estaría aquí, lamento mi intromisión, pase —asiento y respiro hondo cuando cruzo el primer salón caminando al otro salón, ese que es privado para la vista hasta de los empleados.
Cuando abro la puerta el pelo negro del hombre que me interesa se mueve cuando él gira el rostro hacia mí. Su rostro pasa de la calma a la sorpresa cuando me ve llegar, una sonrisa maliciosa sube por mis labios mientras me quito el abrigo cuando entro en calor y, al dejarlo sobre una silla, veo cómo aprieta la mandíbula recorriendo el vestido.
Mis senos son apretados en el vestido, el corto está por encima de mis muslos, y el escote es muy pronunciado, para un hombre como él y según escuché de sus tradiciones, esto debe joderle un poco la cabeza y eso es lo que quiero.
—¿Qué hace aquí, señorita Volkova? —prácticamente me gruñe en inglés y yo sonrío acercándome a él a pasos perfectos en mis altos tacones dorados.
—Vine a cenar con mi prometido —respondo despacio mientras deslizo una mano por la mesa y doy pasos acercándome a él.
—Estoy esperando a su hermano, así que puede retirarse —me río despacio viendo cómo tiene un tic en el ojo por lo molesto que está, pero él no entiende que al molestarse solo me hace querer provocarlo más.
—No me quiero retirar cuando lo que realmente quiero es que confirme nuestro matrimonio —él se levanta y su altura me rebasa aun en tacones, por lo que alzo la mirada mientras que el corazón comienza a latirme de forma acelerada porque este hombre se ve como un demonio sediento de sangre, y qué casualidad que es la mía la que quiere.
Me lamo el labio inferior.
—Creo que no entendió nuestra última conversación, señorita, ya que le dije que no me casaré con usted. Deje de intentar provocarme y mejor busque ropa que la cubra mejor, esta noche está helada —me río despacio.
—Qué curioso, a mí me parece que está muy caliente —los ojos de él centellean cuando me quedo justamente frente a él, tanto que un movimiento haría que mis senos se aplasten contra su pecho.
—¿Así que seguirá jugando a esto? —cuestiona y solo atino a morderme la boca, solo que suelto mi labio cuando jadeo de forma sorpresiva ya que él me toma del cuello dando pasos fuertes y pegándome a la pared. Él es una jaula y me deja atrapada en su cuerpo—. Entonces, si quiere jugar a este juego de mierda, me voy a entretener haciendo que comprenda quién es el diablo y por qué nunca debería hacerse llamar —susurra cerca de mis labios.
Me tenso sorprendida cuando él con una rodilla me hace abrir las piernas y se mete entre ellas y con la mano que no me sujeta del cuello él acaricia la piel de mi muslo.
—¿De esta forma es que me enseña? —cuestiono jadeante cuando su mano se aprieta más en mi cuello al punto de ser doloroso.
Pero de verdad es que no comprende que estoy loca, porque los pezones se me ponen duros como rocas y intimidad se humedece. Porque soy amante de los hombres como él; rudos, toscos y soy amante de la maldita mirada que posee.
Él no comprende que mientras más tira de mí, yo más lo querré y es por eso que sin importar las consecuencias su agarre en mi cuello me lastima, pero me estiro hacia él estampando mis labios sobre los suyos.
Él será mío.
