Capítulo 132 Ciento treinta y dos

A la mañana siguiente, la luz del sol se derramó con suavidad por el departamento de Antonia, templando las habitaciones silenciosas con un resplandor dorado y tenue. La ciudad afuera ya había despertado; el sonido apagado del tráfico se colaba por la ventana entreabierta, mezclado con voces lejanas...

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