Capítulo 98 Noventa y ocho

Antonia cerró los ojos un instante, asimilando la contundencia de aquello.

Cuando los abrió, estaban vidriosos, pero decididos.

—Si tú lo dices —dijo en voz baja.

Él no respondió de inmediato.

Había aprendido algo hacía poco.

El amor sin confianza corroe.

Despacio.

Implacablemente.

—Sí —dijo por ...

Inicia sesión y continúa leyendo