Capítulo 12

—¿Ves? No es tan malo, ¿verdad? —dijo Kael, su sonrisa contagiosa.

—No, no lo es —admití, sintiendo una calidez extenderse por mi cuerpo—. Necesitaba esto más de lo que me daba cuenta.

Kael se inclinó sobre la mesa, sus ojos brillando con entusiasmo.

—¿Qué quieres pedir? Tienen los mejores pastel...

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