Capítulo 2 — ¿Te pone celosa que otras chicas hablen conmigo?

•Elin•

La clase de diseño de modas debería haber sido mi refugio.

Mi lugar de desconexión de todas las cosas que me estaban pasando.

El lugar donde mi mente podía volar entre telas, colores y siluetas. Pero hoy, solo podía pensar en un par de cosas.

Las dos malditas líneas rosas.

Y Jim Cross sabiéndolo todo.

El profesor seguía hablando sobre tendencias otoñales, pero sus palabras entraban por un oído y salían por el otro.

Tan solo podía ver hacia la ventana, mirando a la nada, dejando que mi mente divagara y me atormentara a su antojo.

¿Cómo diablos saldré de esta?

¿Cómo se supone que se lo cuente a papá sin que arme una guerra entre clanes?

—Señorita Duvall —la voz del profesor me sacó de mis pensamientos—. ¿Podría repetir lo que acabo de decir?

Maldición.

Levanté la vista, sintiendo todas las miradas de mis compañeros sobre mí, muchos esperando que fallara.

—Los tonos tierra son la base de la paleta otoñal —respondí sin dudar, porque conocía perfectamente el tema—. El terracota y el mostaza serán los protagonistas esta temporada.

El profesor asintió, satisfecho con mi respuesta, y continuó dando su clase. Sin embargo, yo ya estaba de vuelta en mi cabeza otra vez, atrapada en el laberinto de mi propia desesperación.

Abortar no era una opción.

Lo había considerado, por supuesto que sí, y durante horas.

Durante toda la maldita noche, pero... ¿cómo iba a hacerlo sin que mis padres se enteraran?

Siempre tenía un guardia siguiéndome a todas partes. Absolutamente todo lo que hacía se lo reportaban a él.

Cada movimiento mío era vigilado, registrado y archivado en la mente de Robinson Duvall.

Y si llegara a desaparecer por unas horas, si iba a una clínica y alguien sospechaba algo... mi padre lo sabría de inmediato. Y entonces no solo tendría que enfrentar su ira, sino también la guerra que desataría contra los italianos.

Mi mano arrugó una de las hojas de mi cuaderno.

—Mierda —susurré, tan bajo que nadie fue capaz de escucharme.

No hay forma de que esto salga bien.

[...]

Cuando por fin finalizó la clase, recogí mis cosas con más rapidez de la necesaria y salí del aula antes de que nadie pudiera detenerme.

Caminé entre las personas, sin detenerme a mirar a ninguna, dispuesta a llegar a la facultad de administración lo más rápido que pudiera.

Tenía que encontrar a Jim... Tenía que asegurarme de que mantuviera la boca cerrada.

Ese idiota no podía arruinarme.

Su facultad estaba llena de estudiantes, pero no me costó encontrarlo en absoluto. Jim Cross era de esas personas que atraían la atención de todos sin siquiera intentarlo.

Y no solo por su físico, aunque eso también ayudaba mucho.

Tanto las chicas de su carrera como de la mía estaban locas por él.

Jim estaba apoyado contra una pared, rodeado de un grupo de chicas que se reían de todo lo que decía. Por fortuna, mi hermano no estaba cerca y él parecía más que feliz, usando todos los trucos que le conocía: su sonrisa mojabragas, su postura relajada y sus ojos brillando con ese carisma molesto que siempre había odiado.

—Escuchen, solo puedo tener a un compañero y saben que estaré con mi hermano Ezra —les decía, mientras las chicas suspiraban decepcionadas por no poder arrastrarse más—. Pero no se preocupen, siempre podemos vernos por ahí... Las llamaré.

Las idiotas se rieron de aquello, otras incluso suspiraron. Pude ver cómo una le tocó el brazo y lo apretó para sentir sus músculos.

Lo intenté, pero no pude evitar rodar los ojos.

Me abrí paso entre las chicas sin pedir permiso e, ignorando las miradas de desaprobación, tomé al chico por el brazo y lo jalé con fuerza, lejos del círculo de mujeres.

—Oye, ¿qué...? —comenzó a protestar, pero cuando me vio, sus ojos se iluminaron con diversión—. ¿Duvall cascarrabias? Qué sorpresa.

Imbécil.

—Necesito hablar contigo —le dije entre dientes, tratando de olvidar el estúpido apodo que me había dado desde que éramos adolescentes—. Ahora.

—¿Y si no quiero? —respondió con esa sonrisa arrogante que me hacía hervir la sangre.

—No fue una pregunta, vas a venir conmigo y punto.

Entonces lo arrastré por el pasillo, sin importarme las miradas curiosas que nos seguían sin parar. Las chicas se quedaron boquiabiertas ante la escena, pero a Jim no pareció importarle... De hecho, parecía completamente divertido con lo que estaba haciendo.

—Espero que te des cuenta del espectáculo que estás armando…

—Cállate.

—¿Qué? ¿Te pone celosa que otras chicas hablen conmigo?

Lástima que no traje mi navaja... Cómo me encantaría borrarte esa estúpida sonrisa, Cross.

Ni siquiera me molesté en responderle. No valía la pena.

En estos momentos, lo único que me interesaba era que el mejor amigo de mi hermano mantuviera la boca cerrada y no le dijera a nadie sobre mi embarazo.

Al menos mientras supiera qué hacer con todo esto... o cómo decírselo a mis padres.

Aunque terminen odiándome.

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