Capítulo 1 Capítulo 1

Caminos cruzados

A pesar de que era el cumpleaños número veinte de Emily, en su rostro solo había tristeza; soñaba con llevar una vida normal, estaba agotada de ser prisionera de su propia familia.

Sus padres habían preparado una fiesta para celebrar aquel día, pero lo único que ella deseaba era escapar.

Emily estática frente al espejo observó su cuerpo, lo que para muchos era belleza, para ella significaba un precio, ser vendida por su padre a alguno de sus socios todo para mantenerlos bajo su mando. 

La vigilancia del lugar era extrema, Emily en medio del caos se dirigió a la cocina para beber un poco de agua, mientras sujetaba el vaso observó al personal del servicio ir y venir tranquilamente.

Aquella fue la oportunidad que Emily tanto había esperado, conocía perfectamente cada lugar en la mansión de su padre, a la brevedad tomó uno de los uniformes que solían utilizar las empleadas y lo llevó sobre su cuerpo. 

Sosteniendo una canasta con ambas manos y con la cabeza baja Emily salió de la propiedad de su padre, a través del rabillo del ojo encontró el momento indicado para huir. 

Luego de recorrer varios metros logró respirar con tranquilidad, había dejado plantados a sus padres e invitados quienes esperaban para que ella hiciera presencia.

Se quitó el uniforme de empleada y subió en un autobús, con una enorme sonrisa celebró, su rostro irradia belleza como una flor en el amanecer.

Lo único que ella deseaba era poder llevar una vida tranquila, similar a la de las otras mujeres de su edad, pero lastimosamente su padre la oprimía.

Para celebrar su libertad y al mismo tiempo su cumpleaños Emily decidió ir a una discoteca, en aquella noche deseaba dejar que la música se apoderara de su cuerpo y beber hasta perder el control. 

Ella no tenía dinero en sus bolsillos debido a su pronta fuga, pasó a una casa de cambio y vendió una pulsera, por la cual le dieron dinero suficiente como para pasar unas cuantas noches celebrando su vida libertina.

Emily ingresó, su cuerpo era bastante llamativo, luego de dar unos cuantos pasos hacia el interior varios hombres al instante fijaron la mirada en ella.

Emily sentía como las miradas se posaban sobre ella, por supuesto la mayoría estaban cargadas de morbo y malas intenciones.

Unos tipos atrevidos la invitaban a su mesa, pero Emily no necesitaba la compañía de un hombre para divertirse, tan solo deseaba pedir unos cuantos de sus tragos favoritos y bailar hasta que sus pies se adormecieran.

Ella se acercó a la barra, recogió su cabellera rubia y pidió una bebida, bebió de un solo sorbo, con sus dedos indicó al bartender que repitiera el trago.

Luego de unas copas se dio vuelta y fijó la mirada en la pista de baile, su cuerpo se movía al ritmo de la música de manera involuntaria.

Por un instante Emily se sintió en el mejor lugar del mundo, sin preocupaciones ni nada que impidiera que ella pudiera ser libre. 

Luego de unos cuantos minutos más tarde decidió regresar a la barra para disfrutar de otras copas.

Estando allí unos hombres rodearon su cuerpo, sin girar la cabeza ella los observó a través del rabillo del ojo, lo cual no le inspiró nada de confianza.

—Hola preciosa, te hemos estado observando y es una verdadera lástima que no tengas con quien compartir la noche, solo queremos divertirnos —habló uno de ellos mientras trataba de acercarse a su mejilla.

—No tengas miedo, hemos venido hasta este lugar para hacerte la invitación para que nos acompañes en nuestro palco privado, allí nos podremos divertir sin ningún límite —agregó otro de ellos.

—Así es, nos vamos a encargar de que pases una estupenda noche, te aseguro que tus piernas el día de mañana se van a estremecer y no solo me refiero a los efectos de haber bailado —interrumpió quien se encontraba en la parte de atrás.

Aquel hombre colocó la mano sobre su cintura. Al instante Emily se dio vuelta fijó la mirada en el rostro del hombre que se había atrevido a irrumpir su cuerpo.

Sus ojos se espantaron al observar su rostro, aquellas expresiones de criminal en serie consiguió que quedara en shock.

—No tienes otra salida más que aceptar nuestra invitación, no estamos acostumbrados a ser rechazados, así que solo borra esa mala cara y dibuja una bonita sonrisa, no eres la primera puta de tu clase que hemos llevado a nuestra cama —habló frente a su rostro.

Emily sintió miedo, nunca antes había tenido que pasar por una situación similar, debido a que siempre era cuidada por los hombres de su padre.

Sus ojos se humedecieron al imaginar como iba a terminar aquella noche, a pesar de la mala situación que estaba viviendo en casa de sus padres, ahora deseaba estar allí. Emily no sabía como defenderse.

Ella no era tonta y sabía perfectamente que sin importar lo que hiciera aquellos hombres iban a terminar consiguiendo cometer aquella barbaridad, aquella que iba a ensuciar su cuerpo de por vida.

Uno de ellos cubrió la boca de Emily y los otros se encargaron de llevarla directo a aquel palco privado. Sin importar cuanto ella batallaba para liberarse claramente no lo consiguió.

Emily fue lanzada sobre un sofá, al instante el hombre que mostraba ser el más perverso zafó el cierre de su pantalón y se preparó para lanzarse sobre ella. 

—Por favor no lo hagan, se los suplico —pidió Emily con la voz entrecortada y las mejillas impregnadas de lágrimas. 

Cuando todo parecía que no tenía otra salida para Emily la puerta se abrió de golpe, un hombre rubio, musculoso y muy decidido irrumpió, en la mano sostenía una pistola.

—Sé muy bien lo que está sucediendo aquí —habló con un tono de voz gruesa llamando la atención de aquellos hombres—. ¿Qué esperan?, entreguen a la chica y perdonaré sus vidas. 

Emily con el cuerpo tembloroso, el vestido arrugado se puso en pie, tomó la mano de aquel hombre que había salvado su integridad y luego salieron.

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