Capítulo 3 Capítulo 3.

Punto de vista de Simon.

Cuando papá recibió la llamada de la policía de Miami, estaba en mi oficina en casa, en Nueva York. Después de eso, tanto papá como yo nos apresuramos a preparar nuestro avión privado. Pero no le dijimos nada a nadie por si esto resultaba ser una pista falsa.

Pero ahora, al mirar a la chica en el hospital, estoy seguro de que es Fiorella. Por fin hemos encontrado a nuestra Ella y no podría estar más feliz. Estoy seguro de que todos se van a poner felices de verdad cuando la llevemos a casa.

—¿Cuándo podemos llevarnos a Ella a casa con nosotros? —le pregunté al doctor Jones. Y noté que Ella apretó con más fuerza la mano del doctor Jones.

Ahora mismo solo deseo que me sostuviera la mano así; al fin y al cabo, es mi hermanita. Pero entiendo que para ella somos completos desconocidos. Y necesitamos construir confianza entre nosotros.

—Sinceramente, ya está lista para que le den el alta, pero quizá deberíamos tenerla una noche más. Así no se le hace abrumador, con demasiadas cosas pasando en un solo día —dijo el doctor Jones, y papá y yo asentimos.

—Nos quedaremos aquí con ella —dijo papá, y el doctor Jones miró a Ella. Primero nos miró a papá y a mí antes de alzar la vista hacia el doctor Jones y asentir. Él le sonrió.

—Está bien. Les pediré a las enfermeras que traigan dos camas aquí para ustedes —dijo el doctor Jones con una sonrisa, y papá asintió.

Un rato después, los oficiales se despidieron y le dijeron a Ella que los contactara si lograba recordar algo de su pasado, y entonces se fueron.

Yo no dejaba de mirar a mi hermanita en la cama del hospital; ha crecido y se ha convertido en una chica joven preciosa. Tiene el cabello rubio dorado hasta la cintura, recogido en una trenza hacia un lado. Ojos violetas, nariz pequeña, ojos almendrados, rostro en forma de corazón y, por lo que puedo calcular, mide unos 150 cm. De verdad es pequeña para su edad.

Me acerqué a la cama del hospital y noté que seguía cada uno de mis movimientos con la mirada.

—Sé que soy un completo desconocido para ti, Ella, pero espero que llegues a entender que siempre te voy a mantener a salvo —dije con una sonrisa y los ojos llenos de lágrimas.

Me miró un momento y luego me sonrió con una sonrisa angelical y asintió.

Me acerqué un poco más y con cuidado fui a tomarle la mano. No la apartó, y eso me hizo increíblemente feliz.

—Y sé que cuando el resto de la familia se entere de que te encontramos, van a estar en las nubes de felicidad. Sobre todo tus dos hermanos trillizos. Siempre han sentido como si les faltara algo —dije en voz suave, con una sonrisa. Ella siguió sonriéndome y asintió.

—Es muy normal que tanto los gemelos como los trillizos sientan que les falta una parte de ellos si no tienen a su hermano gemelo o a sus hermanos trillizos con ellos —explicó el doctor Jones, mirando a Ella con una sonrisa.

—¿Ellos no saben que me encontraron? —preguntó con su voz angelical, y yo solo sonreí y negué con la cabeza.

—No se lo dijimos a nadie más, por si esto resultaba ser una pista falsa —dijo papá con cuidado, con una pequeña sonrisa, mientras se acercaba a la cama de Ella.

Ella miró hacia su regazo un momento, luego alzó la vista hacia papá y hacia mí con una sonrisa.

—Lo entiendo, y me alegra que estén protegiendo sus sentimientos —dijo suavemente. No pude evitar sonreír ante su naturaleza tan considerada.

—¿Te parece bien si te pregunto tu talla de ropa? Haré que algunos de los guardias consigan ropa para ti para cuando salgamos mañana —preguntó papá con cuidado.

Ella volvió a bajar la mirada hacia su regazo antes de alzarla hacia el doctor Jones.

—Haré que Sabrina o Valentina te den esa información. Fiorella todavía no la recuerda —dijo el doctor Jones mirando a papá.

—Gracias, eso sería genial —dijo papá con cortesía al doctor Jones.

—Bien, Fiorella, volveré más tarde para ver cómo estás. Así que intenta conocer a tu familia; te hará bien. Y si pasa cualquier cosa, ya sabes que puedes llamarme —dijo el doctor Jones con una sonrisa a Ella, y ella asintió.

Luego, el doctor Jones se dirigió hacia la salida y papá también le dijo que, por favor, les comunicara la talla a los guardias del pasillo. Cuando el doctor Jones se fue, papá se colocó junto a Ella, del otro lado. Después le tomó con cuidado la otra mano y se la acarició.

—Entonces, ¿hay algo que te gustaría saber? —preguntó papá en voz baja. Y nunca había escuchado a papá hablar así. Pero supongo que lo mismo puede decirse de mí.

Al estar en la mafia, siempre tenemos que ser duros; no podemos mostrar emoción ni debilidad. Eso puede conseguir que nos maten.

—¿Puedes hablarme del resto de la familia? Uno de los agentes dijo que en total tengo cinco hermanos, y a ambos padres —dijo Ella con cautela.

—Claro, podemos empezar por el más joven después de ti —dije, y Ella asintió con su sonrisa angelical.

—Jordan es uno de tus hermanos trillizos. Tiene el cabello rubio dorado corto, los mismos ojos que tú, nariz recta y mide 193 cm. Juega básquetbol en su escuela y se le da bastante bien —dije, y Ella me sonrió y asintió.

—Landon, que es tu otro hermano trillizo. Tiene el cabello rubio claro corto, los mismos ojos que tú, nariz recta y mide 195 cm. También juega básquetbol con Jordan. Esos dos están prácticamente pegados y nunca están lejos el uno del otro —dije con una sonrisa.

—Emilio tiene 20 años. Tiene el cabello rubio claro corto, ojos violetas, nariz recta, mandíbula bien marcada y mide 194 cm. Es dueño de un estudio de tatuajes muy popular. A él y a Landon casi se les puede confundir con gemelos, porque se parecen muchísimo —me reí, y Ella me regaló una sonrisa blanca como perla.

—Zion tiene 24. Cabello rubio dorado corto, ojos azul mar, nariz recta, mandíbula fuerte y mide 192 cm. Trabaja en una clínica médica que es nuestra —dije, y Ella asintió, todavía sonriendo.

—Todos los hombres de nuestra familia son bastante altos; todos somos musculosos y de complexión atlética —expliqué, y Ella soltó una risita.

—Supongo que yo soy la excepción. Soy bastante bajita, ¿no? —dijo con una sonrisa tímida, y tanto papá como yo nos reímos.

—Eres perfecta tal como eres, bambina —dijo papá, apretándole la mano con suavidad. Eso hizo que ella le sonriera a papá, feliz.

—Mamá se llama Isabella, tiene 45 años. Tiene el cabello castaño caramelo hasta los hombros, ojos verde avellana, nariz respingada, ojos almendrados, rostro en forma de corazón y mide 163 cm. Es una mamá muy atenta y cariñosa, y le encanta hornear —dije, acariciándole la mano a Ella con una sonrisa.

—Tengo ganas de conocerlos a todos mañana —dijo Ella, y eso nos hizo felices tanto a papá como a mí.

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