Aguanta

Kane

Lo primero que me golpeó fue el calor.

Para cuando irrumpimos en el claro al borde de la línea de árboles, el humo ya se había espesado hasta volverse una cortina. El aire sabía a ceniza, afilado en mi lengua, pesado en mis pulmones. El bosque gemía a nuestro alrededor, vivo de fuego, crepita...

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