Capítulo 4 Cerca de él.
Ravenna.
Esa madrugada tampoco podía dormir, quise hacer el hechizo, pero llegó una mejor idea. Fui a la habitación de Kael, y para mi fortuna, allí estaba.
Sin embargo, esa vez no se despertó ni con la luz encendida, ni mi voz. Estaba realmente agotado pero, podía notar que se había preparado por si yo iba a verlo.
Me debatí si despertarlo o no. Lo observé dormir, pensando en que él había sido el único en el que mis padres habían confiado para decirle mi secreto, luego, fue él quien despertó la sexualidad y la pasión en mí.
Hacía mucho tiempo había prometido no enamorarme y estaba convencida de que mantendría esa promesa.
Entonces me fui de su habitación, sin obligarlo a estar conmigo aun cansado, no porque estuviera enamorada, sino porque Kael era fiel a mi reino, y merecía mi compasión.
A diferencia de otro.
Fui a mi habitación, me coloqué rápidamente un traje de dos piezas y recogí mi cabello. Ordené a dos guardias que me siguieran. Había dos guardias custodiando el calabozo especial. Abrieron la puerta para mí sin esperar la orden.
El hombre se removió en el suelo como un cachorro.
La luz de la luna se filtraba por la ventana. Se acercaba la luna llena, y debía tener cuidado, pero necesitaba hacer lo que haría.
En un movimiento agua fría cayó en su cuerpo, el hombre se quejó, lo vi temblar.
—Dime quién eres. Ahora.
Erick abrió la boca.
—Soy… Erick.
—Tu apellido. ¿Cuál es tu apellido y de dónde viene? —exigí, haciendo que una fuerte brisa helada lo envolviera, estremeciéndolo hasta que sus huesos sonaran.
Paré.
—No… No recuerdo mi apellido —dijo, lo cual me desconcertó, pero antes de que pudiera volver a echar agua fría sobre él, volvió a hablar—: Solo… Solo recuerdo que vengo de la manada Wild Storm, soy hijo único, no… no recuerdo mucho a mis padres, por favor, reina Ravenna… Tuve un accidente de pequeño… Hay cosas que no sé de mí mismo, pero… Pero le prometo que no quiero hacerle daño… —juró, temblando y sollozando—. Le juró que no sé cuál es mi apellido…
Me quedé inmóvil, observando sus reacciones, su cabello, heridas mojadas, su dolor. No creía que no recordara por un accidente, así que me acerqué y evidentemente pude verlo.
Todavía había magia negra en él, tal vez un hechizo de perdida de memoria que solo alguien como yo podía hacer. Me ericé. Era imposible que Kael lo intentara deshacer. Y ya sabía que la persona detrás de la magia era inteligente. Seguramente habría un escudo allí, y si rebotaba en mí, tal vez me haría recordar cosas que no estaba dispuesta a recordar.
Eso me enfureció.
—¡¿Quién te envió?! —cuestioné mientras el fuego brotaba de mis manos, lista para quemarlo si no daba respuesta.
Erick me miró, con los ojos rojos del llanto, dándose cuenta de algo que le dejó una expresión sorprendida.
¿Pero qué?
Tuve un presentimiento cuando la loba que llevaba años ocultando en mí se removió. El fuego en mis manos se apagó.
¿Él sabía que yo era hibrida? Por eso había mencionado el olor de mis feromonas, ¿no?
—No lo sé… —respondió sin verme—. Alguien me hechizó, y lo único que pude pensar es que debía ir con la bruja más poderosa de nuestro mundo, y esa es usted… Le agradezco por sacarme de la oscuridad, reina Ravenna.
Su tono sincero a pesar de la situación en la que se encontraba, me golpeó. Tragué hondo. Y solo pude darme la vuelta y salir de allí.
Tenía que actuar de forma inteligente.
—Quiero que esté decente y alimentado al amanecer. Trasládenlo a una habitación pequeña, y vigílenlo —ordené a los guardias.
Mi interior dejó de retumbar, y finalmente pude conciliar el sueño. Hasta que una voz firme me levantó de golpe.
—Ravenna, ¿qué fue lo que hiciste?
Bostecé y miré a Kael frente a mi cama, con las mejillas rojas de ira y una expresión igual. No entendía a qué se refería, pero pronto lo adiviné.
—No lo he liberado del todo. Solo necesito saber qué pretende.
—¿Y darle la oportunidad de evaluar el castillo y decirles a nuestros enemigos cómo trabajamos? —explotó—. Ravenna, no estás tomando una buena decisión. Ese hombre debe permanecer en el calabozo, debemos quebrarlo hasta que nos diga la verdad. ¡No tratarlo como un invitado!
Lo miré fijamente. Me estaba hablando como si fuera estúpida. Sabía lo que hacía. No lo había soltado por compasión, sino por estrategia… y por curiosidad.
—Viene de la manada Wild Storm —comencé a decir mientras me levantaba—. Sabes lo que significa.
Kael me siguió hacia el baño.
—¿Y le crees porque te lo dijo y ya? ¿Qué es lo que te hace pensar que está siendo sincero contigo?
Me giré, molesta.
—¿No confías en mi instinto?
Kael abrió la boca, luego la cerró. Estaba tan molesto, pero yo lo estaría más si dudaba de mí.
—Confío en ti, pero no en él y en quien sea que esté detrás de todo esto.
—Solo necesito que confíes en mí, Kael.
Y sin decir más, me adentré al baño. Pude escuchar su gruñido de desaprobación, y mi estomago se tensó.
Muy pocas veces estábamos en desacuerdo, y era incomodo cuando sucedía.
Me alisté, Arne me ayudó a terminar. Ambas caminamos por el pasillo hacia el comedor, pero de repente, un olor a sándalo con madera me hizo detener.
Era delicioso.
—¿Tienes un nuevo perfume? —cuestioné a Arne, ella sacudió la cabeza.
Pero entonces el olor se intensificó mientras escuchaba unas cadenas acercarse.
Miré cómo un guardia dirigía a un hombre a algún lugar.
—¿Qué es lo que…?
—Reina Ravenna, gracias por lo que hace por mí… —dijo el hombre.
Sus ojos buscaron los míos, pero yo… no pude evitar perderme en lo apuesto que era. Con una sombra de barba, el cabello medio rapado, limpio, con ropa decente, y aunque aún estaba herido, era algo agradable de ver.
Y ese olor…
Venía de él.
Mi corazón se aceleró, mi interior se estremeció al ver la profundidad de sus ojos mieles.
Y un eco me aterró.
“Quiero estar cerca de él.”
