Capítulo 1 Fidelidad antes que un Trofeo
—Otra vez son las cuatro. — suspiró Violeta observando el reloj.
Akane no esperaba un saludo.
—¿Dormiste? —le preguntó de rutina.
Violeta respondió mientras se levantaba
—Cinco minutos.
—Es un récord. —intentó aliviarla.
—No bromees, es algo que debo resolver.
Violeta silencio el micrófono mientras maldecía.
—¿Volviste a verlo?
Violeta cerró los ojos.
—Sí. —dijo activando el micrófono—. ¡Nunca dejó de hacerlo!
Akane cambió de tema, necesitaba distraerla.
—Tengo algo mejor para ocupar tu cabeza.
—Te escucho.
—Encontré un equipo perfecto. Liga de ascenso.
Violeta dejó salir una risa sarcástica.
—¿Desde cuándo importan?
—Desde que el dinero del fútbol puede mover toneladas de droga sin que nadie haga preguntas. —acotó Akane revisando la liga.
Eso llamó su atención en breves segundos.
Akane continuó.
—Liga de ascenso. Un equipo quebrado y debe salarios, pierde todos los partidos y está a punto de desaparecer. ¿Qué opinas? Seria genial ¿No lo crees?
—No suena como un buen negocio. —dijo ella dudando de la capacidad de Akane.
—Espera, aún hay algo más. Hay un delantero llamado Oliver. Es guapo.
—¿Qué hay con eso? —preguntó sin interés.
—Espera a conocerlo, podríamos convertirlo en una mina de oro.
Violeta caminó hasta el comedor. Una taza de café y analgésicos era su rutina diaria.
Nadie imaginaba que la mujer que iba a dirigir una liga de futbol, era la misma Reina del cartel del Golfo.
—Compra el club, Violeta. —la indujo Akane convencida que era un negocio rentable.
—No me interesan las ligas de ascenso, suelen traer consigo muchos dolores de cabeza.
Akane sonrió.
—Eso lo dices por lo sucedido con Antony. Te llamaré en cuanto tenga más información.
Dos días después. El estadio apenas tenía media entrada. Un hombre con gorra observó a Violeta.
—¿De verdad piensa comprar este desastre?
Akane respondió antes que ella.
—Estamos aquí por un jugador, él es el único que puede salvar este equipo.
Entonces el partido comenzó. Cinco minutos después el Espartano ya perdía dos a cero. El dueño del club bajó la cabeza.
—Oliver. —dijo desconsolado—. Nadie quiere invertir en jugadores.
Entonces el joven de cabello oscuro tomó el balón en media cancha, dejando atrás a tres contrincantes. Entró al área y anotó el descuento sin mirar al portero.
Los pocos aficionados se pusieron de pie para ovacionarlo.
Akane sonrió.
—Te dije que valía la pena.
Violeta no respondió, aún conservaba sus expectativas. Seguía mirando al delantero, ese que no celebró el gol y no buscó la gloria. Solo caminó hacia el centro del campo mientras sus compañeros lo rodeaban.
Quince minutos después terminó el partido. El Espartano CF perdió el juego cinco a uno. Oliver fue el único que salió entre aplausos.
Los jugadores entraban al vestuario cuando el primer dueño del equipo les cerro el paso y les dijo mientras estrechaba la mano de Oliver.
—El entrenamiento terminó, hasta aquí llego. ¡Fue un placer Oliver!
Todos lo miraron.
—La señorita Violeta acaba de comprar el club.
Oliver levantó una ceja, no había sorpresa en él. Solo temor a su futuro.
—Qué rápido cambian las cosas. —dijo apenas entre labios—. Perdimos en la cancha y ahora estamos perdiendo en el camerino. ¡Una mujer! Una mujer compro al equipo. ¿Qué viene después? —cuestionó Oliver decepcionado—. ¿Cremas en lugar de balones?
Violeta dio un paso al frente. Vestía un traje que contrastaba con el uniforme lleno de tierra del delantero.
—¿Oliver? Supongo.
—Sí. —respondió sosteniéndole la mirada.
—Quiero hablar contigo. —los compañeros enmudecieron. Imaginaron que sería expulsado.
Oliver tomó una botella de agua.
—Mañana entrenamos temprano. No tengo tiempo. —dijo intentando retirarse.
—No tardaré, puede interesarte mi propuesta. —le dijo Violeta sin quitar su mirada de su pecho al desnudo.
Oliver bebió un poco y respondió sin mirarla.
—Entonces hable con el entrenador. Él es quien dirige el equipo, yo solo soy un delantero.
Akane sonrió, le daba gracia como Oliver orgulloso la ignoraba y rechazaba.
Pero nadie fuera de ese camerino rechazaba a Violeta. ¡Nadie!
Ella alzó la voz queriendo imponer su autoridad.
—¡Soy la dueña del equipo!
—¡Felicidades! —balbuceo Oliver con sarcasmo.
—También puedo decidir quién juega.
Oliver por fin la miró. Tenía unos ojos tranquilos que parecían no impresionarse con nada.
—Entonces tendrá mucho trabajo y, ¿Si no le parece? Estoy fuera.
—¿No te interesa conservar tu puesto? —le cuestionó con incertidumbre.
—No me mal interprete, señorita. —dijo más cerca de ella—. Me interesa ganar partidos, no vestir a la moda.
Los demás jugadores comenzaron a alejarse, la conversación se tornó más personal. Ninguno quería quedar en medio, querían conservar su puesto aun así fueran unos fracasados.
Violeta sonrió desviando apenas la mirada hacia el suelo.
—Pensé que serías más dócil.
—Pensé que compraba un club porque le gusta el fútbol. —acotó Oliver tomando sus botines de futbol.
Akane dio un paso adelante.
—¡Mide tus palabras!
Pero Oliver ya caminaba hacia la salida.
—Nos vemos mañana, jefa.
—Es la primera persona que te deja hablando sola. —Akane le añadió más sal a la herida.
Mientras Violeta seguía mirándolo. Akane observó cómo el joven se alejaba.
—No estaba actuando. —le balbuceo Akane.
—¿Qué quieres decir?
—No le importa el dinero.
—Eso… ¡Ya lo veremos!
Violeta tomó las llaves del automóvil.
—Investígalo.
—Ya lo hice. —le aseguró Akane.
Akane sacó el computador.
—Vivió con su madre hasta hace un año. Nunca ha tenido problemas con la policía. No apuesta, no bebe y no debe dinero.
—Todos esconden algo. Akane.
Akane deslizo las páginas del computador.
—Hay una novia.
Violeta levantó la vista.
—¿Cómo se llama?
—Marcella Mondragón. Es la hija de Enrique Mondragón.
—¿Mondragón? —cuestionó Violeta sonándole familiar el apellido.
Akane continuó.
—Parece ser que Enrique quiere casarla con Leonard Ceballos, la estrella de la selección. Hay una cena de compromiso muy cerca.
Violeta cerró la pantalla diciendo:
—Entonces ese chico acaba de convertirse en el problema de tres personas.
—¿Qué harás? —la cuestionó de inmediato Akane.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Violeta.
—Salvar su club.
—¿Y después? —cuestionó Akane con intriga.
Violeta miró el estadio vacío.
—Después veremos si Oliver sigue ignorando a su nueva dueña.
Pero a pesar del rechazo, Oliver se quedó pensando.
—¿Quién es ella? Es hermosa, pero le soy fiel a Marcella. —se recriminó Oliver—. No la cambiaria ni por la copa del mundo.
Sin que nadie lo supiera, desde la parte alta de las gradas un hombre fotografiaba toda la escena.
Envió las fotografías desde su teléfono, escribiendo una sola frase: "Reina del Golfo localizada. Está moviendo fichas en el Espartano CF."
La respuesta llegó pocos segundos después.
"Que siga jugando. Nosotros también lo haremos."
Sin embargo, Violeta no era la única que reconocía el apellido Mondragon.
—Jefe, —interrumpió Cervantes a Enrrique Mondragon en la azotea de su mansión—. La zorra abandonó su nido de baja california y se encuentra entre nosotros.
—Sabes, ¿cuál es el motivo? —le preguntó levantándose y mirando la fotografía.
—Compró el equipo donde juega el novio de la señorita Marcella.
—¿Qué es lo que pretende esta zorra? —se cuestionó Mondragon—. Vigílenla de inmediato, no le quiten un ojo de encima. ¡No voy a permitir que se meta en mi territorio!
