Capítulo 32 Los Juegos de David: El Carnicero

David no se molestó cuando la saliva impactó sus zapatos. Su rostro permaneció sediento de lujuria desquiciada, al mismo tiempo levantó su mirada hacia ella y le dijo:

—Los animales no hablan —hablo mostrando autoridad—. Los animales sólo lloran y se retuercen y tu cerda asquerosa me vas a suplicar...

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