Capítulo 114 El rastro de Isabella

Isabella

Me golpea con el dorso de su mano buena, partiéndome el labio, pero yo solo río. El dolor no es nada comparado con la satisfacción de tener su sangre en mi boca, su conmoción ante mi violencia.

—Soy madre —le digo, con la sangre corriéndome por la barbilla—. Somos peores que las besti...

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