Capítulo 38 Fiorella

La carretera se desvanece mientras conduzco, pero no la veo. Mis manos se aferran al volante tan fuerte que los nudillos me duelen, pero no las aflojo. El silencio dentro del coche es asfixiante, pero no enciendo la radio. Nada apagará el vacío que me desgarra el pecho.

No recuerdo haber elegido es...

Inicia sesión y continúa leyendo