Capítulo cuarenta y ocho

Toshiro se recuesta en la silla, colocando su katana envainada sobre la superficie de la mesa para poder sentarse cómodamente.

—No pude decirlo. Quienquiera que fuera ocultó su presencia increíblemente bien. Demasiado bien, si me preguntas —dice, pareciendo bastante molesto por la información. Sus ...

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