Capítulo cincuenta y cinco

Nos quedamos en la biblioteca hasta el atardecer, hasta que mi cabeza late y mi frustración desborda. Cierro mi libro de golpe y lo empujo a un lado con los montones de otros tomos inútiles, ninguno de los cuales tiene las respuestas a las preguntas que han estado carcomiendo mi cerebro. Debe haber ...

Inicia sesión y continúa leyendo