CAPÍTULO 204

El castillo parecía aún más grande a la luz del día—sólido y vivo, ya no solo una silueta imponente, sino el corazón palpitante de la manada.

La gente iba y venía por las enormes puertas delanteras en un flujo constante: hombres y mujeres, ancianos y niños, todos hablando, riendo, trabajando.

Cerc...

Inicia sesión y continúa leyendo