CAPÍTULO 226

ALARIC

La puerta se cerró de un portazo detrás del último alfa, y la habitación quedó en silencio.

Me quedé donde estaba, con las manos apoyadas en la mesa, mirando los mapas arrugados y las chinchetas esparcidas como si me debieran respuestas.

No me daban una mierda.

Mi lobo se estaba volviendo...

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