Capítulo 28 cap 28

El silencio que siguió a su partida del Gran Comedor fue un golpe más ruidoso que el estruendo del oro que había arrojado sobre la mesa. Nadie se atrevía a respirar. Layla permanecía con los labios apretados en una línea fina, el pecho subiendo y bajando con una indignación que le encendía las mejil...

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