EPÍLOGO 2: LA REINA DRAGÓN

LIRA

El viento me acariciaba el rostro, tibio.

Surcaba el cielo sobre el lomo de Luna, con sus escamas blancas reluciendo bajo el sol de la tarde, sus alas cortando el aire con una gracia sin esfuerzo. Debajo de mí, el reino de Aurelia se extendía en toda su belleza: campos dorados y ríos serpente...

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