Capítulo 4 Dudas
—¿Se puede saber que fue eso? —cuestioné, siguiendo a Pietro dentro de su enorme casa. Entrando y ya se sentía otro ambiente aquí. Las paredes eran color hueso, los adornos se miraban tan delicados. Había una enorme lámpara de cristales en el techo. La sala era enorme con enormes sofás y una enorme pantalla en frente. Por un segundo se me olvidó todo lo de allá afuera.
—Entre menos sepas mejor —respondió, quitándose el saco y después la camiseta.
Me puse nerviosa en ese momento.
—Esa chica se miraba muy mal —me crucé de brazos. El vestido me empezaba a apretar en la parte del pecho. No me gustaba usar cosas ajustadas en esa parte, sentía que me faltaba la respiración. —Algo le hiciste.
—Nada —respondió casual—Simplemente la chica olvidó nuestro trato: no enamorarse de mi durante las dos semanas.
Achiqué los ojos en su dirección. ¿Quién se enamoraría en dos semanas? Y en especial de Pietro.
—Vaya, eres un arrogante y medio.
Sonrió de lado. Era la primera vez que lo veía sonreír en la noche y no le quedaba nada más. Pietro se terminó de quitar la camiseta, quedando su abdomen desnudo.
—Me iré a bañar, si quieres ponte cómoda y explora la casa —me miró—¿O prefieres acompañarme?
—Un segundo, ¿dormiré aquí?
—Por supuesto que si. ¿Qué pensabas, niña?
—No me digas niña —objeté, acercándome a el—Además ni siquiera tengo ropa y yo... no estoy preparada —bajé la vista.
—Aquí hay ropa de sobra.
Lo miré de inmediato.
—Estas loco si crees que me pondré la ropa que ya usaron todas tus novias —espeté—Estas enfermo.
No me di cuenta a qué hora Pietro me tomó de los brazos y me hizo pegar mi espalda contra la pared, sintiéndome un pequeño dolor en esa parte. Lo miré con mucho miedo.
—¿Qué...? —empecé a decir, pero él me interrumpió:
—Aquí las reglas las hago yo que te quede claro —demandó con voz fuerte y firme. Su tono me dio miedo pero además de miedo rabia—¿O qué? ¿La princesa no sabe obedecer órdenes? ¿Crees que no recuerdo haberte visto en ese barrio de mala muerte. Jamás olvidaría tu cara y luego vienes aquí diciendo que tienes dinero —se rió— Estás perdida tu sola, te metiste en la boca de los lobos, niña y me necesitas para sobrevivir. Una palabra mía y serás historia. Adiós a tus sueños de salir de esa mugre pobreza. Así que tú decides, cariño —miró mis labios por un microsegundo—Eres mía por estas dos semanas, te compré así que obedece a tu amo.
Su mirada era tan demandante que me dio miedo, el saber que este chico tenía unos fetiches muy extraños. Además de todo sabía que yo no tenía dónde caerme muerta y que podría decírselo a todo el mundo. Pensé en mi futuro y en qué si Pietro hablaba me vería obligada a vivir con mi familia y trabajar para comer el día a día. En mi mente apareció mi madre y todo lo que tuvo que aguantarle a mi padre con tal de que nos siguiera manteniendo y no me quise ver así. Si tenía que aguantar a este idiota dos semanas y fingir que me fascina lo haría. A estas alturas de mi vida estaba dispuesta a hacer eso y mucho más con tal de subir en la escala social.
Endurecí mi vista y lo reté con la mirada. Sonreí de lado de una manera retante.
—Sí, amo.
Pareció iluminarse su mirada cuando le dije eso, ¿qué podría pasar? Pietro es hombre y los hombres solo piensan con el amigo de abajo.
—Perfecto, entonces ven y báñate conmigo —se apartó de mi, caminando hacia un pasillo.
El corazón me latía a mil por hora y sentí que pude respirar con más tranquilidad ahora que se había quitado de mi. Seguí a Pietro hasta un jardín, había una enorme piscina ahí. El solo estaba en bóxers, lanzándose al agua. En realidad esta casa es increíble y ¿por qué no aprovecharla por dos semanas? ¿Quién no lo haría? Estas con un chico guapo que tiene mucho dinero y te esta consintiendo. ¿Quién no? Solo las protagonistas de Wattpad.
—Quítate la ropa y métete, el agua está tibia —me dijo.
Me fui quitando mi vestido lentamente porque me sentía insegura estar medio desnuda con Pietro viéndome. Porque si, no me quitaba la mirada de encima. Quedé solo con este brazier que me estaba cortando la respiración y mis bragas. Me acerqué al filo de la piscina y me metí. El agua estaba tibia a como había dicho, cosa que agradecí porque hacía frío.
—¿Lo ves? Es más fácil cuando me obedeces —sonrió.
—No te hagas ilusiones, Pietro, si lo hago es porque no quiero que abras tu boca —demandé. No pareció ofenderse esta vez, quizás parecía más sorprendido.
—Mientras cumplas con estar aquí las dos semanas todo estará bien —amenazó.
—¿Por qué? —lo miré—¿Por qué diste esa cantidad de dinero por mi? No me conoces, viste que vendo desde ese barrio de mala muerte. ¿Por qué te involucrarías con alguien como yo?
Pareció sorprenderle mi pregunta, quizás ni el tenía las respuestas. Agradecía haberlo tomado desprevenido.
—Te daré la respuesta cuando yo la tenga.
—Cuéntame más de ti, quiero saber sobre mi novia —pidió.
Sentí tan extraño cuando dijo mi novia. Recordé a Jason y lo idiota que se portó.
—¿Qué quieres saber? Parece que me has investigado —miré el cielo. Había luna llena y muchas estrellas. Se miraba tan lindo.
—¿Te confieso algo? Suelo investigar a todas las mujeres que entran a mi casa pero contigo... no lo he hecho. Solo deduje que eres pobre por como te vi la otra vez.
Me sentí ofendida.
—¿Como me viste?
—Estabas en ese barrio, además ese tipo me dijo que vivías por ahí.
—Hmm ¿y que hacías tú ahí?
—Cosas —se acercó—Lo que me sorprendió fue tu carácter. Tu valentía.
—Hmm que bueno —intenté apartarme un poco, pero como detrás de mi había cemento no pude asi que opté por hundirme un poco y nadar lejos de él. Azul marino, nadar me hacía sentir libre. Salí en el otro extremo de la piscina. Pero había algo que se me quedó en el trayecto. Mi brazier. Pietro me mostró el brazier en su mano. Me tapé los pechos de inmediato. —¿Como me quitaste el brazier? —entré en calor.
—¿Que te puedo decir? Soy un experto en quitar brazieres.
Rodé los ojos por su arrogancia.
—Dámelo —intenté quitárselo pero éste parecía divertirse más bien conmigo.
—A ver —quiso ver mis pecho pero le di una cachetada que no planeé. Fue así como instinto. Me arrepentí al momento en que me di cuenta de lo que había hecho. Genial, ahora Pietro me echará de su casa y no querrá saber nada más de mi.
Pietro me miró de nuevo, pero no parecía enojado sino me miró divertido.
—Lo siento —susurré—Solo quiero mi brazier de vuelta.
Aunque en realidad Pietro no tendría nada que ver, no eran tan grandes como a él le gustaba seguramente.
—¿Para que lo quieres de vuelta? Si no lo usarás cuando vayamos a la habitación.
—Estas loco.
—¿Por qué? Pagué por ti.
—Me caías mejor hace un minuto atrás —salí del agua y caminé hacia el interior de la casa. Me sorprendía no ver a nadie se servicio en esta casa tan grande. Y ni siquiera sabía dónde demonios iría. Las puertas de esta mansión estaban cerradas y si quería salir tendría que decirle a Pietro que me de acceso. Los únicos que se me vinieron a la mente eran los guardas de seguridad que sacaron a Kenia.
Hablando de Kenia. Esa chica en realidad parecía que estaba muy mal, pensé que era otro tipo de persona pero verla así me dio... lastima. ¿Pietro le había hecho eso? ¿Estás dos semanas para ella fueron terribles? ¿Por que terminó así? El miedo de terminar así me invadió.
¿Quién eres, Pietro Ainsworth?
Al llegar a la sala me detuve en seco al ver a dos chicos de pie en la entrada. Y cuando me vieron se sorprendieron un poco.
—Lo siento —me tapé como pude los pechos.
¡Qué vergüenza!
—Dense la vuelta —demandó Pietro, apareciendo detrás de mi con una toalla. Me la puso al rededor de mi cuerpo y me atrajo hacia el cómo si de un protector se tratara.
—No pensé que estabas ocupado —habló uno de los chicos. Supongo que también van a la universidad.
—Si quieres volvemos en otro momento —habló el otro. Uno era rubio y alto y el otro Moreno y alto.
—Hablemos rápido en el despacho —les dijo—Espérenme ahí.
—Perfecto —el Rubio me quedó viendo y se fue por un pasillo oscuro.
—Te enseñaré tu habitación —Pietro me encaminó escaleras arriba. Me sentía resbalosa porque andaba descalza y ahora esos dos tipos me habían visto. Pero estaba bien, era bueno que me fueran conociendo.
—¿Mí habitación?
—Si, por ahora dormiremos en camas separadas. Te daré tu tiempo para que te relajes, después no dormirás por un rato —musitó.
No sabía a qué se refería con eso.
—Ya. Según tu.
Me llevó a una habitación enorme que daba justamente a la piscina. Tenía una cama enorme, todo era color crema. Muy bonito. Había un librero en una esquina con muchos libros, una mesita de noche en donde descansaba una MacBook y una lámpara. Había una puerta que daba al baño y una enorme ropero.
—Aquí hay ropa limpia que de seguro es de tu talla.
—Te dije una vez que no me pondría ropa que...
—La ropa está nueva, el cuarto está sin uso y todo está nuevo. ¿Crees que no tengo el suficiente dinero para acondicionar una habitación para cada una?
Lo miré.
—Esta casa es muy grande y tiene muchos cuartos. Además, no es la única casa que tengo —acarició mi pelo—Así que no... en esta casa no he estado con nadie mas que contigo.
No sabía si creerle o no pero ya tendría un modo de averiguarlo.
—Lo que está aquí lo hice pensando en ti.
Fruncí el ceño.
—¿Como...? Si apenas hoy fue la subasta. —no entendía.
Pietro solo sonrió de lado y se fue de la habitación, dejándome con más dudas y mas preguntas.
