Capítulo 40 Lunes, otra vez

Lunes, otra vez

El lunes Mateo se fue a las siete y cinco. Ni siquiera desayunó. Dejó el cacao a medio revolver y las llaves en la palma de Antonella, como si las llaves fueran el único idioma que Quiroga podía entender.

—Once. Silla fea. Pasaporte a la vista. Yo en un Excel que no necesito. Si To...

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