Capítulo 4 Capítulo 4
No me parecería extraño que él repudiara escuchar ese tipo de cosas de una mujer, pero tal vez sería extraño si lo decía una chica de mi edad.
-¿Y por cuánto tiempo pretendías seguir mirando? -Fue lo único que preguntó, a pesar de todo lo que imaginaba que podía salir de su boca.
Esa, sin embargo, era una pregunta que no sabía responder, así que me quedé en silencio, pensando en una respuesta.
-Déjame replantear la pregunta -dijo, ante mi prolongada ausencia de palabras-. ¿Cuánto pretendías ver?
Una respuesta más que no podría dar sin dedicarme un tiempo para pensar, pero Ares ya parecía tener una idea muy clara de lo que debería decir.
-Dos piezas de ropa menos y estaría completamente desnudo -dijo, reavivando la certeza de que ya sabía que yo estaba allí durante el tiempo que comenzó a desvestirse-. ¿Es eso lo que querías ver, muñeca?
Parpadeé, aturdida.
Una nueva ola de calor se apoderó de cada partícula de mi cuerpo, pero no era vergüenza. Era algo más, algo que nunca antes había sentido, no con esa intensidad.
Por reflejo, apreté la nota de Alice todavía en mi mano. Ya no quería entregarla.
-Responde. -Insistió con voz firme, dejando en claro que no aceptaría mi silencio como respuesta.
Entonces balanceé la cabeza de arriba a abajo solo una vez, lentamente.
Y Ares sonrió. Una pequeña sonrisa, pero satisfecha y dolorosamente irresistible.
Aquel hombre sería capaz de volverme loca sin ningún esfuerzo.
-A-Ares. -Llamé, un poco insegura.
-¿Sí, mi ángel?
-Todavía quiero ver. -Revelé, sin poder controlarme después de haber sido embrujada por esa sonrisa, ese tatuaje y esa sensación que él despertó en mí.
Como si aun fuera posible, su mirada oscura se volvió más penetrante.
-¿Quieres? -preguntó, y sus ojos bajaron lentamente hasta mí cadera.
Curiosa, seguí el mismo camino hasta que mi visión encontró lo que Ares estaba observando con otra sonrisa torcida en sus labios. Y mis ojos se abrieron aún más al percibir que todo ese calor concentrado en mi ingle había tenido consecuencias muy visibles.
-Parece que ya has visto suficiente. -Completó, haciéndome sentir mi rostro arder por completo de pura vergüenza.
Entonces Ares se puso de pie y colocó su mano en la pequeña manija construida en la puerta, todavía mirándome con una mirada llena de diversión sádica.
-No seas tan ambiciosa, muñeca. -Luego de decir lo último, hizo que escuchara como le ponía el seguro a la puerta, con un ligero clic.
Todavía sin reaccionar, volví a sentir la vergonzosa humedad que se marcaba en mis pantalones de tela.
Sin siquiera tocarme, Ares me dejó excitada como nunca antes. No fue solo conmoción lo que sentí. Estaba completamente hipnotizada por ese hombre.
Entonces finalmente aflojé el agarre en mis manos y vi la nota escrita por Alice, sabiendo que su destino sería la basura. Ella tendría que perdonarme, pero Ares nunca leería esas palabras.
Tan pronto como entré a mi habitación, me deslicé por la puerta, todavía sintiendo mi corazón latiendo con fuerza.
Las puntas de mis dedos estaban entumecidas y mi cabeza estaba en una zona, pensando en todo y nada al mismo tiempo, pero incapaz de ignorar el inesperada deseo todavía en medio de mis piernas.
No podía entenderlo. Ares era un hombre mucho mayor que yo... entonces, ¿por qué?
Incapaz o demasiado reacia a nombrar aquello, me deshice de mi ropa y me acosté en mi cama. El calor en mi cuerpo hacía insoportable dejar cualquier prenda que no fueran unas bragas en contacto con mi piel, y sabía que ya no era solo el efecto del verano. Y fue ese mismo calor el que me hizo girar demasiado tiempo sobre la cama, sufriendo un insomnio extraño.
No podía dormir, no podía deshacerme del calor y mi zona intima todavía palpitaba por un poco de atención.
Molesta por la falta de control sobre mi cuerpo, me giré de nuevo hasta quedar de rodillas, pero la fricción entre mi clítoris y la almohada me hizo soltar un gemido bajo, involuntario y vergonzoso.
Entonces fue imposible. Yendo en contra de mi mente confusa, mi mano alcanzó mi vagina y suspiré pesadamente cuando empecé a rosarla con un poco de fuerza.
Mi cara estaba presionada contra la almohada y mi respiración caliente se tornó incómoda cuando deslicé la misma mano dentro de las bragas, sintiendo la humedad que desprendía mi intimidad.
Mi mente convirtió mi propio toque en una proyección de cómo quería que Ares me tocara. Y de repente los recuerdos de esa serpiente dibujada en su piel, el cinturón de cuero sostenido entre sus manos y su deliciosa voz diciéndome muñeca invadieron mi mente mientras me tocaba, por lo que me llevó muy poco tiempo antes de que me corriera con un gemido abrazador.
A la mañana siguiente, comprender todo lo que había sucedido esa noche seguía siendo una tarea difícil.
Nunca me consideré una persona insistente, porque era demasiado vaga para eso. Sin embargo, estuve cada segundo de ese interminable día pidiendo a mi mente todavía inocente y confundida entendiera esas cosas, sin importarme si estaba en clase o en un receso con mis dos únicos amigos en la universidad.
Simplemente no podía concentrarme en nada más que no estuviera directamente relacionado con Ares Bailey.
Aun así, me dejé arrastrar por Jess y John a un club de vídeo juegos en el centro de la ciudad, creyendo que me serviría de distracción.
No funcionó.
Mientras ellos gritaban arrebatadamente durante las contiendas, yo me quedaba demasiado aireada en medio de las estridentes máquinas y la tenue iluminación del lugar.
Mi mente estaba fielmente como todos aquellos planetas encarnados en el club. En el espacio.
Por eso escuché chistes durante toda la tarde. Jess y John no eran lo que me gustaría llamar buenos amigos, pero eran lo que tenía, así que a menudo me obligaba a tragarme toda la incomodidad que creaban sus bromas y comentarios maldosos.
Ese día, ignorar sus provocaciones fue especialmente fácil, lo que no quiere decir que quisiera seguir con ellos. Así que, sin más, me despedí y me marché, dejándolos solos en una ensangrentada batalla en Mortal Kombat.
Quería regresar rápido a casa y tratar de distraerme con cualquier cosa que realmente funcionara. O tal vez ir a un foro en Internet, crear un perfil anónimo y preguntar a través de el, si masturbarme pensando en un hombre mayor que yo, me hacía ser una pervertida.
Asustada con la posibilidad, balanceé la cabeza a los lados. Entonces seguí mi camino un poco distraída, sin esperar que, al doblar en la siguiente calle, vería la causa de toda mi distracción parado frente a uno de los edificios comerciales.
Ahí estaba Ares. Camisa de vestir, pantalón oscuro, zapatos lustrados, una mano en el bolsillo y una deliciosa expresión concentrada cuando un hombre mayor le dijo algo.
El rompe frigobar también estaba a ahí, no podía recordar su nombre, tampoco me molesté en intentar recordarlo.
El único momento en que mis ojos dejaron de mirar a Ares fue cuando leí el nombre de la empresa en la fachada del edificio.
GOTMAN
