CAPÍTULO CIEN

Fiel a sus palabras, me llevó a un lugar en la azotea que había decorado.

Globos rojos, cintas y camareros esperando a que nos sentáramos estaban por todo el lugar.

—Oh, no tenías que...

—Quería hacerlo, gatita. Te mereces el mundo entero, pero empezaré por aquí —dijo mientras colocaba un mechón ...

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